Anda, vete a analizar…

Hace unos días hablaba con un conocido a quien tengo por inteligente, pese a que hace el gilipollas con verdadera pasión, sobre el tema de la inmigración. El acostumbra a hacer proclamas más o menos xenófobas en diversos medios y me salió con la siguiente insensatez, hablábamos de los negros, por cierto…

“Físicamente son superiores a nosotros, pero intelectualmente no”

¡Coño! Me dije para mí, otro con complejo de polla pequeña…

Por supuesto me lo callé haciendo algún esfuerzo por no reírme, no demasiado porque ya son años de oficio y uno lleva entrenadas ciertas cosas.

Lacan decía que el psicoanálisis produce un decir menos tonto. No es poco.

Quien me haya leído y me conozca sabe que no hago del psicoanálisis una religión y que valoro también a colegas que hacen otras prácticas y desde paradigmas bien diferentes. Siempre he sostenido que la clínica psicoanalítica, de la escucha, es una clínica del deseo, que se ocupa del deseo inconsciente y del, por usar una muy apropiada palabra aragonesa, del “esbarrao” $ o sujeto del inconsciente, su campo, pues viene a ser desde cómo lo entiendo, complementario al de la psicología con la que mantiene, por usar una analogía, una relación como la física respecto de la química. Sin embargo también me he encontrado, sobre todo entre los psicólogos, furibundos enemigos del psicoanálisis argumentándolo desde criterios de supuesta eficacia clínica hasta argumentaciones más o menos “popperianas”. ¡Qué pasión!

Estoy convencido que lo verdaderamente repugnante del psicoanálisis es el inconsciente mismo. El hecho de que una buena parte de las cosas que nos afectan y son relevantes en nuestras vidas discurran fuera de nuestra conciencia atenta contra la tranquilidad de que somos capaces de controlar aquello que nos atañe, contra el narcisismos, y conviene recordad que el “narc” de Narciso aparece también en narcosis, por ejemplo. Es decir, de entrada no es tranquilizador. Sin embargo más de un siglo después de su formulación por Freud el reconocimiento del inconsciente se ha popularizado tanto que resulta inevitable ser escuchado “psicoanalíticamente” por el frutero o por el taxista, no hay vuelta atrás.

Diría más, la cantidad de argumentos que emplea la gente en aclarar los malos entendidos en los que, por sistema y sin remedio, se ven atrapados por esa escucha, ya ubicua, tiende a afirmar, a poco avisado (y avispado) que sea el interlocutor que te has quedado con alguna de tus vergüenzas al aire y en evidencia. Contra el argumento, que no sé de donde lo habrán sacado, de que el psicoanalista siempre lleva razón porque si se la das es porque la tenía y si no es una resistencia (enorme gilipollez), lo que sí sabemos es que lo acertado o no de una interpretación se ve en si provoca en el analizante la emergencia en nuevo material ígnoto hasta ese momento, tanto da si ese material acompaña la aceptación o al rechazo. Cuando ese materia no sale es cuando podemos sospechar de lo inadecuado de la interpretación, sea por el contenido, por la oportunidad o ambas cosas.

Así pues analícese o no, es cosa suya, como lo es el hacer el gilipollas con su vida, pero, y aunque callen como putas, sus interlocutores le van a ver el culo al emperador por más, o precisamente cuanto más, se empeñe usted en decirnos que va vestido.

www.arturoalcaine.com

Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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