Profesiones imposibles

Leía hace unos minutos una cita de Ramón y Cajal en la que decía que el médico que sólo sabe medicina no es ni médico. Me acordaba, al hilo de eso, de que Freud opinaba que había tres profesiones imposibles, curar, enseñar y gobernar. Se me juntaba todo ello en el pensamiento por los sucesos acontecidos con el Colegio Pompeu Fabra adonde asisten mis hijos pero también con otras cosas, cuestionamientos que no vienen al caso, por parte de un amigo, y también con algunas cosas que hablaba el otro día con una paciente adolescente y pasaré a explicarlo un poco porque me parece que, todo ello, se relaciona en el fondo con un grave problema ético de los tiempos en los que nos ha tocado vivir.

Mi paciente, inteligente por lo demás, se cuestionaba el por qué tenía que estudiar historia alguien como ella que quería hacer ciencias puras. Hace años que sacaron la asignatura, una sólo por cierto, de Historia de la Filosofía del curriculum de los psicólogos.

Por la época en la que estudiaba esa asignatura recuerdo haber leído un artículo de opinión de Vargas Llosa en el que decía que cuando llego al college donde le habían contratado (no recuerdo si en Harvard o en Cambridge) le había sorprendido que sólo aquel college contaba con más premios Nobel que España entera. Su cicerone del momento le explicó que entre otras razónes ello se debía a que procuraban que la formación de sus alumnos fuera amplia de miras y que pretendían fomentar la ambición intelectual.

Aquí llevamos años haciendo lo contrario y cada día más se abunda en el error. El plan Bolonia lo ha convertido en una pandemia europea. Se pretende hacer de los universitarios unos técnicos de acuerdo con las demandas del mercado laboral, es decir de las empresas, sobre todo, que pudieren contratarlos en un hipotetico futuro, para eso se les trata de mentalizar desde la escuela primaria, ese es el fondo de la trifulca de estos días, en realidad. Recuerdo cuando llegue al cuartel por primera vez en la mili que me sorprendió un enorme cartel en el que se leía “Aquí la más principal azaña es obedecer” bueno, pónganlo también en la puerta de la escuela si de eso se trata, al menos los militares eran honestos con el asunto.

Me tengo por un buen clínico, sobre todo en el aspecto del diagnóstico, me gusta la psicopatología y no sólo la psicoanalítica, me gusta leer todos los enfoques, científicos o no, clínicos pero también políticos, sociológicos etc de la cosa. Quizá el mayor elogio que he recibido fue de unos alumnos que me dijeron haberse matriculado en mis clases de psicodiagnóstico (entonces yo enseñaba eso en un posgrado en Zaragoza) porque les iba muy bien para aprender la psicopatología. Pues bien, si soy algo bueno en esa parte es porque en la facultad, en Barcelona, tuve la suerte de tener excelsos profesores de la materia como Poch y Grau, el primero tristemente murio joven, pero también auténticos maestros de asignaturas optativas aparentemente no muy útiles como Jordi Sabater i Pi en etología, que me abrieron la mente y me permitieron pensar más allá de las “necesidades del mercado”.

También me viene a las mientes un incidente con un psiquiatra alumno mío en el posgrado quien, cuando les hice una observación sobre mi experiencia, ya no recuerdo concretamente qué era pero venía a ser algo así como “ojo, cuando se dan estas condiciones me suelo encontrar que después pasa tal cosa” y eso no estaba en los libros, me dijo que si no lo podía probar estadísticamente no lo podía decir. Esas cosas me rebotan un pelín, le dije “¿me lo vas a impedir tu?”. Otro loco de las normas.

El no tomar en cuenta sino los datos normativos o como decía el cenutrio de House, “yo no trato enfermos, trato enfermedades” es una parte de la cosificación, de la reducción a la condición de bienes de producción, de “recursos humanos” en la que nos quiere el sistema

Ese es en buena parte el problema. Tanto me da si eres médico especialista en psiquiatría o psicólogo especialista en clínica, como profesor, se supone que tu trabajo es atender a personas individuales, cada uno diferente de los demas y con un deseo, mejor o peor articulado, también diferente, para eso te pagan esas personas, con billetes en la consulta, a través de su mutua, o en sus impuestos. Estamos al servicio de esas personas que son quienes pagan por ello, no nos paga LESTAO que decía aquel.

Con las normas pasa como con los datos normativos, en el fondo, tienen una importante carga ideológica y, con gran frecuencia sirven al propósito de mantener un sistema de marginación, exclusión y explotación del que no podemos hacernos cómplices quienes nos ocupamos de curar (en el sentido etimológico del término que es cuidar) a otros seres humanos, unos en desde la clínica, otros desde la escuela donde se están desarrollando. Nos debemos a ellos y si no mejor que nos dediquemos a otra cosa.

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Psicólogo Clínico Psicoanalista
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Una respuesta a Profesiones imposibles

  1. Pedro dijo:

    Tienes toda la razón del mundo Arturo. Al sistema de enseñanza a que te refieres se le conocía como humanismo. Una mirada abierta a los inmensos campos del conocimiento sin límites. Pero la hispana y bobalicona papanatería de imitar lo ajeno sin discernimiento alguno, nos ha llevado a una situación de miseria intelectual mucho más letal, socialmente hablando, que el analfabetismo.

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