La azuela de Cassidy (Me pondré místico, pero sin abusar)

Hace unos días, y con una excusa que ya no recuerdo bien, mi amigo el facha ponía en cuestión el derecho a voto de una serie de ciudadanos para él, y es posible que así sea, limitados en sus capacidad intelectual.

Ipso facto me vinieron dos cosas a la cabeza, de una parte la anécdota de la “azuela de Cassidy” y de otra los versos que añadiré al final.

Cassidy, no era su nombre pero así lo llamaba un amigo medio en broma, era un tipo de aspecto cetrino y hablar espeso que se diría haber caído de niño en la marmita de Panoramix cuando sólo contenía algún licor de baja calidad y alta graduación.

Trabajó por un tiempo en el gaseoducto hicieron pasar por Caspe y fue ahí donde aconteció esta anécdota referida por otro amigo que también participaba de la obra.

Por lo visto se les rompió no sé que máquina carísima, de esas que fabrican, siempre es así, en algún ígnoto lugar de Suecia, Canadá u otros países de elevado nivel de vida y gélido ambiente. Total que la obra tenía que quedar parada por no sé cuantos días y, además, pagar la reparación o substitución del artefacto. Entonces Cassidy cogió una azuela que portaba y se puso a dar golpes en las juntas de soldadura (creo que era lo que venía a pulir la máquina siniestrada) y dijo que el seguiría así…

Los ingenieros, muy sorprendidos, comprobaron que el “Sistema Cassidy” era más eficaz que el anterior, los resultados mejores y mas rápidos y, en cualquier caso mucho más baratos. La obra continuó así para lo sucesivo.

Somos una especie peculiar, no se trata de lo que sabe cada uno, o no solo, nuestros saberes se toman de un otro colectivo que va modificándose, tanto en cantidad como en su estructura misma, para permitir la adaptación y supervivencia de sociedades. Una de las cosas que me sigue maravillando de la humanidad es cómo ese saber colectivo, del que sólo somos conscientes en una pequeñísima parte, crece por las aportaciones, a veces insólitas, de personas anónimas, que modifican el sentido, el uso, o la ubicación de un significante, de una herramienta o de cualquiera de los entes a la mano que diría Heiddeger.

Por eso, mi querido facha, hasta tu, quizá, entre tantas insensateces como proclamas y propalas, puedes ser quien nos aporte a todos, alguna pequeña herramienta con la que seguir construyendo eso que hemos dado en llamar la humanidad.

Nadie es una isla, completo en sí mismo; cada hombre es un pedazo de continente, una parte de la tierra.; si el mar se lleva una porción de tierra, toda Europa queda disminuida, como si fuera un promontorio, o la casa de uno de tus amigos, o la tuya propia. La muerte de cualquier hombre me disminuye porque estoy ligado a la humanidad; por consiguiente nunca hagas preguntar por quien doblan las campanas: doblan por ti.

 John Donne, Devotions Upon Emergent Occasions

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Psicólogo Clínico Psicoanalista
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