Psicología y/o Psicoanálisis

En los dos diplomas oficiales que cuelgan en mis consultas aparezco como psicólogo, en uno como licenciado, en otro como especialista en clínica, por supuesto tengo muchos otros que acreditan mi formación psicoanalítica pero, cada vez menos, me siento un religioso de la cosa. El psicoanálisis personal es una medida profiláctica para todo aquel que tenga que trabajar con el malestar de las personas, se pega más que las ladillas y es muy fácil alienarse en una posición patógena bien para el paciente bien para uno mismo bien para ambos. 

He pasado muchos años formando profesionales, médicos y psicólogos, en tareas de psicodiagnóstico, creo que si fallamos ahí cualquier trabajo ulterior será más o menos fallido. Pues bien, la primera y más importante tarea que nos compete es averiguar si, de todo aquello de lo que el paciente se queja, aquel puede, y hasta que punto, relacionar lo que le pasa con lo que hace y viceversa. Un taoísta diría el Yin y el Yang. Está imagen, bastante lograda por cierto, nos recuerda que en todo Yin hay algo de Yang, y a la recíproca, porque, si no, el puro Yin puede comportarse como puro Yang y viceversa.

El primer paso, en cualquier tratamiento, es conseguir que el paciente pueda entender las muchas formas en que se relacionan sus sentimientos y pasiones, sus miedos y sus filias, con su conducta y las de quiénes comparten tiempo en su vida. Sólo con esto se suele producir una mejoría ostensible de su malestar, sin ello hay poco que rascar. A partir de ahí la cosa puede quedar en una pregunta y el paciente decidir analizarse o utilizar técnicas de tipo más conductista por no interesarle saber más, como decía un paciente hace muchos años “cascuno es cascuno y tiene sus cascuneces” pero la base de cualquier intervención, de la línea clínica que sea pasa por ahí o no puede haber mejoría.

 Cómo decía el chiste de la bombilla aplicado a los psicólogos “¿cuántos se necesitan para cambiar una bombilla? Uno, pero la bombilla ha de querer  cambiar​.

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Polacos y baturros

Hace mucho que vengo diciendo que soy aragonesista en Cataluña y catalanista en Aragón. Hace algún tiempo tuve una diatriba con una amiga en la que ella decía que me gustara o no era catalán, a lo que le respondí que, en cualquier caso, esa era una de las formas más cojonudas de ser aragonés… Creo que fue en la misma discusión donde otra, a la que no conozco, me acusaba de manipulación por poner los nombres de los Reyes de Aragón en castellano, hablaba la víscera o, quizá, algún esfínter, aunque creo que hablo muy buen catalán no tuve la suerte de estudiar su ortografía, por eso escribo en castellano, pues bien, es norma de estilo en todos los idiomas de nuestro entorno traducir a la lengua que se esté usando los nombres de los monarcas, aunque no se haga con el resto de los nombres propios.

En lo cotidiano ser aragonés en Cataluña, muchísimo más probable que lo contrario, te hace ser tratado como un querido pariente cercano, esa es mi experiencia y sin embargo…

Sin embargo leía en un blog en el que se criticaba el trato que estaban recibiendo los bienes retornados a Sijena, lo cual es, por supuesto, opinable, una serie de comentarios de corte muy pero que muy similares a los que me toca escuchar a veces a algunos mostrencos cuando “pelan” a los catalanes. Me dije ¡coño! en esto también somos primos hermanos. ¡Qué làstima! 

Los estereotipos, el catalán roñoso y tacaño, el aragonés bruto y garrulo, no hacen sino generar violencia porque agreden a la individualidad personal del cada uno y, además, son falsos, al menos en mi experiencia.

El revisionismo histórico con que se pretende justificar en parte el independentismo sólo funciona con los garrulos de uno y otro lado de la Franja, eso sí, por desgracia vamos bien servidos de ellos, a uno y otro lado de la Franja, en la Franja, de dónde soy originario, tampoco nos podemos quejar.

Unos cuantos políticos nacionalistas, tanto me da si españolistas que catalanistas, entran en estos temas, así como el juicio por el 9N y como grandes ilusionistas nos tienen mirando para otra parte mientras votan juntos en Madrid, o se abstienen, para que no se investigue fiscalmente a la Iglesia, al ppartido más corrupto de Europa, o al partido del 3 0/0 ¡caramba! esos sí que son primos hermanos. Los demás sólo somos primos, o al menos, lo hacemos.

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Malos sentimientos

He dicho en más de una ocasión que los psi… loquesea descubrimos el agua caliente más o menos cada generación, palabras que se ponen de moda para contextualizar cosas sabidas desde hace siglos.

Hace poco un amigo del Facebook publicaba su cabreo por un comentario que habían hecho sobre él en un grupo del que no participo. No sé qué se decía pero, por alguna pista que daban imagino la autoría. Es más, también he soportado algún comentario medio impertinente de ese origen. Tengo por norma, en este encuadre, no hacer acuse de recibo de esos mensajes. Yo por eso cobro, es un trabajo más duro de lo que la gente piensa, a veces.

La ira, el odio, la envidia, el resentimiento etc forman parte de lo que el pueblo, que es muy sabio, ha llamado siempre “malos sentimientos” y de algunas personas se dice que los tienen. Es una verdad a medias, algunas personas están dominadas por ellos, pero todos en algún momento los padecemos, sabemos de ellos. Una de las formas en la que nos damos cuenta de que alguien está dominada por sus malos sentimientos es que su relación con nosotros nos los induzca.

En efecto, frente a ellos caben dos actitudes, o pararnos a analizar qué los provoca, no siempre es fácil y a veces hace falta que intervengamos un profesional, y la otra es proyectarlos a mansalva trasladándoselos a los demás, como diría el Maestro Yoda, el lado obscuro más rápido y seductor es… pero no más poderoso. Que los demás sea malos nunca me hará a mí mejor.

La única actitud posible frente a los malos sentimientos del otro es poder entender los propios y desde ahí poder aplicar eso que ahora llaman inteligencia emocional, antes empatía y, desde hace siglos, compasión. 

Ello si el otro te importa, por lo que sea, aunque sea porque te paga y se quiere curar de su MAL estar… Si no, como se dice vulgarmente, pasar de él como de comer mierda.

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Repugnante Psicoanálisis

Quienes me conocen saben que he pasado una pésima temporada, pocas cosas hay mas angustiantes y dolorosas para un padre que comprobar que alguien le está haciendo daño a su hijo de forma cruel e insensata y que, además, ello tenga que ver con el hecho de que yo soy psicoanalista.
El equipo del EAIA que ha intervenido, la terapeuta familiar que medio nos impusieron y que les contaba, y les cuenta, cosas que debieran ser secreto profesional (la he pillado al menos en tres renuncios) y que ahora trabaja en su equipo, todos ellos son de orientación sistémica y supervisan con el mismo gurú, alguien de quien tengo constancia que odia a los psicoanalistas, en particular a los lacanianos.
Más allá del dolor, y del odio en que se convirtió, que me ha producido su práctica estúpidamente cruel, también me han hecho pensar qué es lo que provoca semejante odio al psicoanálisis por parte de un colectivo con el que compartimos, en el fondo, una gran parte de las formas de entender las problemáticas de los niños y adolescentes en función de cuál sea la dinámica familiar.
El psicoanálisis es repugnante para muchos colegas, lo sé, como sé que la repugnancia se transforma pronto en odio, son los dos pasos en que circula la angustia, que, como no puede ser de otra manera es angustia de castración.
¿Qué?
La castración atenta contra en narcisismo infantil, contra la omnipotencia, pero es imprescindible para el trabajo psicosocial. La castración de la que hablo en este caso se refiere a el trabajo que hace el inconsciente determinando en gran medida desde nuestra percepción a nuestras decisiones y praxis. Por eso algunos consideramos que es imprescindible el análisis personal. Saber de nuestras propias locuras y de nuestra condición de humanos con conflictos, neuras, filias y fobias. Saber que una gran parte de lo que somos se juega fuera de lo que narcisísticamente creemos y pretendemos ser.
Yo no creo en el psicoanálisis, lo practico. Conmigo mismo, el inconsciente nunca deja de funcionar y por lo tanto el análisis es de por vida, y con algunos, solo algunos, de mis pacientes, los que deciden que sí quieren saber, de su castración, de su inconsciente, de sus muchas contradicciones etc.
Todas estas personas de las que hablaba son quienes sí creen en el psicoanálisis, y por eso lo combaten. Los perversos son los últimos creyentes, y estos creen. Todos ellos han tenido contacto con el psicoanálisis y la angustia que les produce el Otro les hizo optar por el camino de la renegación, la ley es para todos pero ellos están al margen porque son la ley. Mientras tanto, conscientes o no de ello, van causando daños terribles a las personas a quienes tendrían que cuidar y proyectando su perversión, mecanismo esquizoparanoide por cierto, sobre los demás. Pobres de ellos y de nosotros.
Les auguro un brillante futuro inmediato, como decía ayer Jorge Alemán en Facebook, hablaba de los recientes atentados en Niza, el enemigo es el Otro. Pero el precio que vamos a pagar, que ya pagamos en este mundo de crueldad y terror, lo pagaremos todos, ellos también.

Arturo Alcaine Camón

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Deseo y adolescencia

Conversaba no hace mucho con una colega joven, psicóloga y psicoanalista, sobre un tratamiento seguido con un adolescente en el que , a su decir, no se respetaba el deseo, palabra mayúscula en estos contextos, de muchacho. Tremenda y supina muestra del despiste generalizado que afecta a buena parte de la población en los tiempos que corren y que afecta, incluso, a quien por razón de oficio debiera estar avisado sobre estos menesteres.
En primer lugar se me viene a la cabeza la distinción entre tres verbos distintos, querer, apetecer y desear.
Simplificando bastante la cosa, con los riesgos que ello implica, querermos lo que creemos desear, es algo del orden del amor, de la relación entre lo imaginario y lo simbólico. Por eso es tan frecuente que obtengamos resultados diferentes a los que pensábamos querer. El deseo es inconsciente y sólo un adecuado trabajo sobre el mismo permite no caer en las trampas de lo anterior. El apetecer a menudo tiene que ver con la pulsión de muerte, con el abandonarse al puro goce de la repetición o del dolce fare niente y, con frecuencia está en las antípodas del deseo.
Lacán decía que el deseo es efecto de la interpretación sobre la demanda. Es más, propone, como salida de análisis, la producción de un deseo decidido. No es poca cosa. Menos en los tiempos que corren en los que lo predominante son los goces decididos, es decir, la confusión casi absoluta entre lo que nos apetece, es decir la creencia y legitimación de que aquello que circunstancialmente nos puede apetecer es lo que queremos. Eso, en un adolescente es mucho más flgrante todavía. Includo neurológicamente sus lóbulos prefrontales estan acabando de formarse.
Y aquí viene la segunda parte de la cuestión, los niños y adolescentes a nuestro cargo no están en condiciones de desear, aún no lo están. Necesitan del deseo de los padres como una especie de prótesis frente a la que ir articulando un deseo propio, a veces para seguir los modelos e indicaciones, muchas otras para reb/velarse frente a ese deseo, ahora bien cuando los padre no desean y, en particular, cuando no lo hacen para sus hijos, estos se quedan sumidos en el caos o en la pura alienación que les presenta el sistema de propaganda.
Me contaba la directora de la guardería a la que llevé a mis hijos lo a menudo que los padres decían que lo que querían para sus hijos es que fueran felices. !Coño claro! Pero luego tendrás que desear que sea médico o fontanero para que él decida ser saxofonista.
Mi colega decía que esto podía ser cruel. Lo cruel es inhibirse y dejar a los hijos no ya huérfanos, sino de padre desconocido, unos hijos de puta, vamos.
Arturo Alcaine Camón
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Feminismo y envidia de pene

Uno de los aspectos del psicoanálisis más cuestionados y controvertidos entre algunos ambientes supuestamente feministas viene siendo la llamada “envidia del pene”. Quisiera comentar, aclarar, alguna cosa al respecto y cómo ello propicia sufrimiento en muchas mujeres, y es, además, utilizado para perpetuar, y aún aumentar, unas condiciones sexistas de alienación y explotación. Como ya saben quienes me siguen sostengo la idea marxista de que la clase condiciona la psicología y que tras de eso siempre encontraremos una fuerte razón económica.
Lo primero que tengo que decir es que a lo largo de casi 35 años de práctica el número de “pacientos” y de “pacientas” que he venido atendiendo es muy similar, ello me hace pensar que el malestar psíquico está repartido con tanta equidad como la inteligencia o la gilipollez, empero no suelen ser las mismas cosas de las que se quejan unas y otros. En general en las mujeres sueles encontrarte más la insatisfacción mientras en los varones suele ser la imposibilidad o la impotencia respecto de su deseo.
Freud venía a decir que la actitud de la madre frente al bebé que acaba de parir es muy distinta cuando se trata de una nena o de un varoncito. Mientras en el último caso vendría a ser algo así como “ya tengo una colica de mi propiedad”, con las chicas podría ser ” ya se me ha metido una rival en casa”. Esto que puede sonar más o menos a especulaciones psicoanalíticas, puede corroborarse al menos de dos maneras, de una parte existe un indicador de rechazo materno precoz en el test de Rorschach, que aparece raramente en varones y que, por contra, es casi ubicuo en mujeres, con mayor o menor intensidad, por otra basta hablar con las propias mujeres que tuvieron hermanos para que nos digan si sus mamás las trataron con el mismo cariño que a ellos… La inmensa mayoría de las veces nos dirán que no; y suele ser verdad.
Algunas de las consecuencias inmediatas son una experiencia base de insatisfacción, un sentimiento latente de culpa por no haber estado a la altura de las expectativas de mamá, que a menudo tratan de compensar toda la vida mediante una sumisión masoquista y una coartada casi perfecta para no asumir los retos, y los fracasos, que nos implica a todos la realización personal.
Las cosas, cuando suceden y se significan en nuestro aparato psíquico, lo hacen siempre por segunda vez. La nena que descubre la importancia de la diferencia sexual al ingresar en su complejo de Edipo, lo hace sobre esa experiencia de rechazo materno precoz y ya predispuesta a jugarse en una posición masoquista. No es tan relevante hacer pipí sentado o en pie como haber percibido, de manera bien diferente, el cariño del ser más importante para cualquier infans, su mamá.
Soy pesimista respecto de ideas como las del llamado progreso social, en nuestro entorno asistimos a un repudio cada vez más generalizado de buena parte de la sexualidad genital femenina. Genital tiene que ver con generación, con la posibilidad de disfrutar de la maternidad como una parte importante del ser humano de sexo femenino. No es, en ningún caso, una obligación ni un destino, pero sí debería ser, y no lo es, un derecho.
No lo es porque tanto en cuanto los seres humanos son concebidos como cosas, bienes de producción, recursos humanos lo llaman ahora, sale mucho más rentable importarlos ya hechos que proteger la producción autóctona. De paso a las mujeres, ahora sí, castradas en una parte importante de su ser, se las pone en la terrible coyuntura de quedar marginadas en lo social si no entran en el circuito económico productivo o alienarse en un modelo fálico-machista basado en el tener cosas que no van, en ningún caso, a resolver una insatisfacción estructural, pagándoles, eso sí, sueldos vergonzosamente mas bajos que a sus compañeros varones para que una vez más se perpetúe el sentimiento de inferioridad.
Urge una profunda revisión feminista de nuestro modelo ético porque, además, nuestra némesis cultural, el islamismo radical, busca no ya un vuelta al pasado, sino una profundización aún más bestia que la nuestra hacia las mujeres.
Arturo Alcaine Camón
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Etica, moral y memoria historica

A riesgo de ser pesado, pues lo que pretendo exponer ya lo he dicho en otros artículos, tengo que exponer algunas cosas que atañen a la diferencia que hago entre la moral y la ética y de cómo la primera, que tiene que ver con la ideología, sirve de coartada para las mayores canalladas, sobre todo en la medida en que anula a la segunda.

Mi abuela materna, María, se casó con un hombre, Agustín, que era comunista libertario, su hermana Josefa con mi tío Francisco, jefe local de los requetés. Me consta, pese a ello, que ambos cuñados se estimaban mucho y que pese a ser hermanos políticos se trataban más como lo primero que como lo segundo.

Mi madre me contaba que su tío le decía que mi mi abuelo y él estaban de acuerdo en todo pero que el creía en Dios.

Cuando estalló la guerra mi tío se jugó literalmente la vida para ir a avisar a un conocido político republicano local de que los fascistas iban a ir a matarlo, el otro, con la inocencia de quien tiene la conciencia tranquila no huyó porque no había hecho mal a nadie. Lo apresaron y fusilaron tras sacarle los ojos y escarnecerlo en la plaza del pueblo.

Una semana más tarde Caspe fue liberado por la columna de Durruti. Mi tío, con la misma ingenuidad que el anterior, se escondió, pues también tenía la conciencia tranquila. Fue denunciado por un vecino y fusilado a su vez, él y tres de sus hermanos. Mi abuelo fue amenazado de muerte cuando los defendió vehementemente en el “proceso” que les hicieron. Decía que su único crimen era una superstición religiosa pero que eran unos trabajadores sin mancha. Sólo su acreditada historia como comunista libertario le salvó, y por poco, del paredón.

En su casa estuvieron Durruti, Líster y El Campesino. De los primeros hablaba con admiración, el último, decía, era una de las pocas personas que le han producido escalofríos por ser lo que hoy diríamos un psicópata desalmado.

A lo que iba, esos y otros crímenes fueron cometidos por personas individuales porque las circunstancias les fueron propicias y una ideología, una moral, les servía de coartada, sin embargo, pese a ello hubo y hay quienes son capaces de, con o sin Dios, asumir una posición ética cuando la ocasión lo requiere. Es importante que cada uno de nosotros lo recuerde llegado el caso, eso sí, sin olvidar aquello que cantaba Pi de la Serra, “si els fills de puta volassin no veuriem mai el Sol”.

Arturo Alcaine Camón

http://www.arturoalcaine@gmail.com

 

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