Repugnante Psicoanálisis

Quienes me conocen saben que he pasado una pésima temporada, pocas cosas hay mas angustiantes y dolorosas para un padre que comprobar que alguien le está haciendo daño a su hijo de forma cruel e insensata y que, además, ello tenga que ver con el hecho de que yo soy psicoanalista.
El equipo del EAIA que ha intervenido, la terapeuta familiar que medio nos impusieron y que les contaba, y les cuenta, cosas que debieran ser secreto profesional (la he pillado al menos en tres renuncios) y que ahora trabaja en su equipo, todos ellos son de orientación sistémica y supervisan con el mismo gurú, alguien de quien tengo constancia que odia a los psicoanalistas, en particular a los lacanianos.
Más allá del dolor, y del odio en que se convirtió, que me ha producido su práctica estúpidamente cruel, también me han hecho pensar qué es lo que provoca semejante odio al psicoanálisis por parte de un colectivo con el que compartimos, en el fondo, una gran parte de las formas de entender las problemáticas de los niños y adolescentes en función de cuál sea la dinámica familiar.
El psicoanálisis es repugnante para muchos colegas, lo sé, como sé que la repugnancia se transforma pronto en odio, son los dos pasos en que circula la angustia, que, como no puede ser de otra manera es angustia de castración.
¿Qué?
La castración atenta contra en narcisismo infantil, contra la omnipotencia, pero es imprescindible para el trabajo psicosocial. La castración de la que hablo en este caso se refiere a el trabajo que hace el inconsciente determinando en gran medida desde nuestra percepción a nuestras decisiones y praxis. Por eso algunos consideramos que es imprescindible el análisis personal. Saber de nuestras propias locuras y de nuestra condición de humanos con conflictos, neuras, filias y fobias. Saber que una gran parte de lo que somos se juega fuera de lo que narcisísticamente creemos y pretendemos ser.
Yo no creo en el psicoanálisis, lo practico. Conmigo mismo, el inconsciente nunca deja de funcionar y por lo tanto el análisis es de por vida, y con algunos, solo algunos, de mis pacientes, los que deciden que sí quieren saber, de su castración, de su inconsciente, de sus muchas contradicciones etc.
Todas estas personas de las que hablaba son quienes sí creen en el psicoanálisis, y por eso lo combaten. Los perversos son los últimos creyentes, y estos creen. Todos ellos han tenido contacto con el psicoanálisis y la angustia que les produce el Otro les hizo optar por el camino de la renegación, la ley es para todos pero ellos están al margen porque son la ley. Mientras tanto, conscientes o no de ello, van causando daños terribles a las personas a quienes tendrían que cuidar y proyectando su perversión, mecanismo esquizoparanoide por cierto, sobre los demás. Pobres de ellos y de nosotros.
Les auguro un brillante futuro inmediato, como decía ayer Jorge Alemán en Facebook, hablaba de los recientes atentados en Niza, el enemigo es el Otro. Pero el precio que vamos a pagar, que ya pagamos en este mundo de crueldad y terror, lo pagaremos todos, ellos también.

Arturo Alcaine Camón

www.arturoalcaine.com

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Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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