Etica, moral y memoria historica

A riesgo de ser pesado, pues lo que pretendo exponer ya lo he dicho en otros artículos, tengo que exponer algunas cosas que atañen a la diferencia que hago entre la moral y la ética y de cómo la primera, que tiene que ver con la ideología, sirve de coartada para las mayores canalladas, sobre todo en la medida en que anula a la segunda.

Mi abuela materna, María, se casó con un hombre, Agustín, que era comunista libertario, su hermana Josefa con mi tío Francisco, jefe local de los requetés. Me consta, pese a ello, que ambos cuñados se estimaban mucho y que pese a ser hermanos políticos se trataban más como lo primero que como lo segundo.

Mi madre me contaba que su tío le decía que mi mi abuelo y él estaban de acuerdo en todo pero que el creía en Dios.

Cuando estalló la guerra mi tío se jugó literalmente la vida para ir a avisar a un conocido político republicano local de que los fascistas iban a ir a matarlo, el otro, con la inocencia de quien tiene la conciencia tranquila no huyó porque no había hecho mal a nadie. Lo apresaron y fusilaron tras sacarle los ojos y escarnecerlo en la plaza del pueblo.

Una semana más tarde Caspe fue liberado por la columna de Durruti. Mi tío, con la misma ingenuidad que el anterior, se escondió, pues también tenía la conciencia tranquila. Fue denunciado por un vecino y fusilado a su vez, él y tres de sus hermanos. Mi abuelo fue amenazado de muerte cuando los defendió vehementemente en el “proceso” que les hicieron. Decía que su único crimen era una superstición religiosa pero que eran unos trabajadores sin mancha. Sólo su acreditada historia como comunista libertario le salvó, y por poco, del paredón.

En su casa estuvieron Durruti, Líster y El Campesino. De los primeros hablaba con admiración, el último, decía, era una de las pocas personas que le han producido escalofríos por ser lo que hoy diríamos un psicópata desalmado.

A lo que iba, esos y otros crímenes fueron cometidos por personas individuales porque las circunstancias les fueron propicias y una ideología, una moral, les servía de coartada, sin embargo, pese a ello hubo y hay quienes son capaces de, con o sin Dios, asumir una posición ética cuando la ocasión lo requiere. Es importante que cada uno de nosotros lo recuerde llegado el caso, eso sí, sin olvidar aquello que cantaba Pi de la Serra, “si els fills de puta volassin no veuriem mai el Sol”.

Arturo Alcaine Camón

http://www.arturoalcaine@gmail.com

 

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Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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