A-tentados

Escuché, hace ya bastantes años, a Antonio Gala una de esas frases que se les ocurren a los poetas que atrapan el sentido de la cosa, decía que lo malo de nuestros tiempos era que habíamos pasado de adorar el becerro de oro a adorar el oro del becerro.
En mi condición de psicoanalista y persona de izquierdas, marxista quiero decir, no puedo, tras los últimos atentados en Bélgica, dejar de exponer algunas cosas que vengo pensando hace ya tiempo. He de añadir que me siento muy pesimista al respecto, lo que quiere decir que no veo, de forma inmediata cuál pueda ser la solución que no pase por un incremento de la violencia hasta un estallido más o menos cercano. No pretendo dar ni “la” ni “una” explicación de lo que pasa, el panorama es demasiado complejo, pero sí, al menos exponer uno de los aspectos, a mi entender, de la cosa.
El becerro sería, para Freud, el tótem, la representación del ancestro mítico del que, al ser todos descendientes nos ubicaría en la condición de hermanos, de semejantes. La adoración del oro, por contra, supone una reificación del otro, de cada uno de nosotros y nuestra transformación en objetos en puros objetos para el goce, en a-subjetivos.
También planteaba Marx que el capitalismo en su forma más extrema y avanzada es el que destruye la propiedad privada. Desde un enfoque marxista es la clase económica la que condiciona la perspectiva psicológica de cada cual.
En la modernidad ha sido Edipo el mito estructurante de la personalidad adecuada a su sistema de producción-explotación. Lo que hacía que el otro fuera nuestro semejante, no nuestro igual. Las grandes desigualdades quedaban relativizadas por la propuesta, más o menos fantasiosa, de que todos éramos iguales ante la ley.
De una generación para acá, sin embargo, se han hecho evidentes dos fenómenos, de una parte los pequeñoburgueses, entre los que me cuento, nos hemos visto no ya proletarizados, los proletarii eran aquellos que no disponían de otra cosa que su prole en la antigua Roma, sino reificados al punto de haber perdido cualquier capacidad de gestionar nuestras “propiedades” , aquí se engancha la segunda parte, la destitución de la función paterna como transmisora de esa ley frente a la que éramos iguales, que hacía de mi prójimo un semejante.
Obviamente eso conduce a un estado de psicopatzación generalizada en el que los otros pueden ser masacrados, de una u otra manera, y tanto me da si son judíos a manos de Hamas, que palestinos por parte de Israel, kurdos a manos de estado sirio que refugiados a manos de la UE, que ancianos condenados a la indigencia por los bancos recatados con impuestos que nos han robado para ello. Uno de los rasgos típicos de la psicopatía es la nula capacidad de empatía.
No son ajenos a ello fenómenos tan de nuestro entorno como el bulling o el mobbing.
En mi pueblo estaba el dicho de que “donde no hay regla ella sola se pone”. El padre regresa de la peor manera posible, es el Dios de Al Qaeda o del Isis que ven nutrirse sus filas de jóvenes no ya marginados sino excluidos de la humanidad, de la fraternidad de semejantes.
Dicho en jerga psicoanalítica la alternativa a la castración simbólica es la muerte, es decir, cuando ya no se tiene nada que perder poco importa matar o morir. Si no soy uno más el otro tampoco es alguien sino algo.
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, que diría Celaya, cuando voy ya para viejo quiero decir, me duele y preocupa en extremo el mundo en el que van a vivir mis hijos.
Arturo Alcaine Camón
http://www.arturoalcaine.com

Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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