¿Inventan las empresas farmacéuticas enfermedades?

Hace algunos días un amigo del facebook, con quien coincido en bastantes cosas y a quien conozco más o menos bien de aquí de Lloret, ironizaba o quizá más aún, hacía blanco de sus sarcasmos, que es su tono habitual, y en esa red social a quienes decían que las farmacéuticas inventaban las enfermedades para vender más.

Quizá el problema es ese artículo determinado que obra, lógicamente, como un cuantificador universal. En general todo, todos, nada, nunca, siempre, son referentes de un exceso, o un defecto a la hora de interpretar el logos, el mundo ordenado en una fisis lógica.

Cuando estudiaba psicopatología en la universidad me enseñaron la diferencia entre síndrome y enfermedad. El primero es un conjunto, una constelación de síntomas que suelen aparecer juntos en una o más enfermedades, la enfermedad es algo que se manifiesta a través de uno o más síndromes y que tiene una etiología, es decir, una explicación mejor o peor, sobre sus causas y determinaciones. En el primero los tratamientos, más o menos exitosos, (la quinina funcionaba bien en los casos de malaria mucho antes de que se conociera la infección por el plasmodio y con el vector del mosquito anópheles como etiología) decía que los tratamientos son a veces hallazgos casuales y otras saberes atávicos, a menudo el conocimiento y la investigación sobre los efectos que producían dichos tratamientos empíricos sobre estos síndromes ha permitido el mejor conocimiento de las enfermedades subyacentes así como encontrar o perfeccionar los tratamientos con los que se las cura.

El problema, y ahí sí se permite un juego absolutamente perverso por parte de las industrias farmacéuticas, es la ontificación de los síndromes, e incluso de las enfermedades, más allá del lugar que les corresponde que es el del discurso clínico, es decir del logos en el que se las sitúa como una interpretación del ser ahí, de lo que se da, y son cristalizadas como una realidad al margen de nuestra posición en el mundo.

Ello resulta particularmente flagrante en el caso de las llamadas enfermedades mentales donde la moral, la que sea, sitúa como enfermedades a todo aquello que es inconveniente a un modo de relaciones humanas que, a su vez, se corresponde con un modo de producción, con un sistema económico. Citaré tres casos o aspectos.

Estos últimos años estuvo bastante de moda el llamado Síndrome de Asperger, aún existen asociaciones y supuestos especialistas en el mismo y propuestas de tratamiento. Pues bien, baste leer lo que decía sobre el mismo el DSM-IV (creo que ahora lo han suprimido de ese catálogo y me parece bien) como la Wikipedia, para darse cuenta que era clínica y epistemológicamente trivial, casi de chiste.

Otro tanto puede dicirse del tan traído y llevado TDAH, por lo menos en la gran mayoría de los casos diagnosticados como tales, pero entre tanto se ponen las botas vendiendo Ritalin. No importa qué les pase a los niños, el estilo de vida familiar queda preservado e incuestionado y el emergente infantil deja de molestar.

Por lo que se refiere a las psicosis, y sin caer en los planteamiento ingenuos de la antipsiquiatría, hay estudios publicados por el COP, que muestran una reducción el orden del 40 por ciento en los costes de los tratamientos cuando hay apoyo psicológico a los pacientes; tanto da, además, la orientación clínica de quienes se encargan del mismo. Los factores pueden ir desde lo que sería un reconocimiento más allá de los vínculos patógenos que el paciente traiga, hasta algo tan inmediato como sería el seguimiento de las medicaciones, necesarias quizá oero en dosis menores y más regularizadas, y actividades cotidianas, lo que impide recaídas agudas. Si después de pagar a los profesionales aún se produce tamaño ahorro ¿a donde se va la pasta? Es evidente que a las medicaciones que reciben los pacientes que tienen que ser más masivas y, por lo tanto, va a parar a quienes venden y fabrican los fármacos. Por supuesto ello produce, entre otras, cosas un deterioro de la calidad de vida de los enfermos. También cabe recordar que esa pasta con la que se enriquecen no sale del aire, sale de los impuestos y cotizaciones de todos. Las medicinas no son gratis en ningún caso.

En fin, por todo ello, querido colega, hasta cierto punto me parce bien tu sarcasmo si es sobre LAS enfermedades, pero sin el artículo, si la cosa es que las farmacéuticas inventan enfermedades, me caben pocas dudas despues de 33 años en el oficio.

www.arturoalcaine.com

Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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