Pedigree

Hace unos días una amiga por la que siento el mayor cariño y respeto, y que es la quintaesen­cia de la catalanidad, hablando de estas cosas de la Vía Catalana, de la futura independencia y de esas cosas ahora tan de moda, me decía que yo no lo podía entender porque era aragonés y me sen­tía aragonés.

Quedé un tanto perplejo. Desde entonces acá de vez en cuando me propongo meditar sobre el asunto porque, mal que me pese, no acabo de entender de qué se trata. Voy pensando que es un trastorno deficitario de origen genético y relacionado con mi turbio pedigree. Si, tan solo, presto atención a los apellidos con los que me ha tocado cargar, Alcaine y Camón, me encuentro con ancestros judíos, de una parte, y cátaros de la otra. Llevo por apellidos los nombres de dos pueblecitos, muy hermosos por cierto, uno del norte de Teruel y otro del sur de Francia, Todos ellos tuvieron que cargar esa marca como recuerdo del hogar perdido para salvar el pellejo (en el caso de Alcaine ello se presta al chascarrillo pero no es momento y lugar), Todos ellos perseguidos por la idea de la catolicidad, de la universalidad. De lo homogéneo frente a lo plural. De la in-diferencia, que es distinta de la igualdad, frente a la diversidad.

Desciendo de exilados y soy un exilado, voluntario y medio satisfecho, pero exilado. Algo muy cristiano, por otra parte, no recuerdo con precisión la cita, pero en algún evangelio dice algo así como que “el que me quiera seguir que deje a su padre y a su madre”…

Estoy haciendo enormes esfuerzos por averiguar si me gustan más les botifarres de bolets que la fritada pero no llego a ninguna conclusión, salvo que gano peso, de hecho las suelo comer juntas, espero no me traigan complicaciones coronarias, de la Corona de Aragón quiero decir. Els Castells me parecen sublimes, ójala fuera mas jóven, porque ese amunt, todo lo ideológico que se quiera, es una espléndida imagen de eso que se llama aunar voluntades.

Lo que me preocupa, y me deja cierto regusto acre, es que vuelvan a utilizarse adjetivos como botifler, para aquellos catalanes que no se decanten abiertamente por la independencia, que sen nos diga a otros que no podemos sentirnos catalanes, insisto que es un problema genético, al menos en mi caso (tengo el mismo problema para sentirme español, aragonés o francés apurando muchísimo la cosa). Amo a esta tierra y esta cultura, supongo que más que muchos catalanes con un pedigree mas limpio que el mío, pero como tienen todos los amores, Lacan dixit, eso produce un efecto de despedazamiento. No todo me parece amable, es más, algunas cosas me son odiosas. Si algo me atrajo de este país, de esta ciudad en la que vivo, era su ambiente tolerante y cosmopolita, integrador aceptando las diferencias. No sé si seremos independientes, con la que esta cayendo en el mundo globalizado eso suena a sarcasmo, pero espero que en el caso de que así sea deseo que no vaya a ser a costa de que esos resabios cuajen demasiado y vayamos a inventar una “catolicidad a la catalana” porque para ese viaje no hacen falta alforjas.

www.arturoalcaine.com

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Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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