Lo malo de Dios (Feliz 2013)

Decía un colega de Quidem que “la esperanza es lo último que te pierde”. Hace también algunos años uno de los mas consagrados canallas que conozco, al decirle, pues él me lo preguntó, que me consideraba ateo, me salió que cuando tuviera sus años, ahora sin ir más lejos, empezaría a creer en Dios por ante la perspectiva de la vejez y la muerte.

¡Pues no hombre, no! Sigo ateo, gracias a Dios entre otras cosas. No es que lo de la vejez y la muerte no me angustien un poco, pero no me dan miedo, lo que pasa, quieras que no, es que joden un tanto, para que nos vamos a engañar. A veces la vida es maravillosa y, casi siempre, muy interesante. No tengan ustedes ninguna duda que el aburrimiento es una de las más conspicuas manifestaciones de la pulsión de muerte y yo no me aburro miaja.

Pero decía que, entre otras cosas gracias a Dios, era ateo. Con Dios, en mi mente algo obsesiva, pasa como con el 0 o con el Infinito en las matemáticas, que permite alcanzar cualquier conclusión aun cuando el razonamiento sea impecable, Ramiro, un excelente profe de matemáticas que tuve en la adolescencia nos hacía ese juego de tanto en tanto. Se me quedó para siempre. Cada vez que llegamos a una ecuación por la que 2=1, p.e., es que en alguna parte del desarrollo se nos ha colado una divisón por 0. Cada vez que alguien pretende que comulguemos con ruedas de molino es que ha metido a Dios en sus justificaciones. A veces no es aparente, pero es así. Al final uno llega a pensar que sobre todo Dios sirve a ese propósito.

Otra de las cosas malas de Dios es que, sobre todo entre los profesionales; aunque mi conocimiento de estos no pasa de algunos curas y monjas, no he conocido ni uno sólo que fuera creyente de buena fe, en el sentido que daba Sartre a esa expresión, algo que no se cuestiona, como la presencia del aire que respiramos y del que no somos conscientes salvo que nos atragantemos. Con qué vesania son capaces de defender cualquier cuestionamiento de su “fe”, de su mala fe.

Decía Serrat, hablando de la vejez, que no sería tan mala si no se llegara “huérfano a ese trago”, pero así son las cosas, diría más, la orfandad, en si misma, es la aceptación de la propia mortalidad.

A un par de semanas del fin del mundo nos congratulamos de nuestra permanencia en este otro y a sabiendas de que aquello por lo que anduvimos temiendo ya pasó, el 21 del 12 del 2012, visto que no ha habido justicia ni divina ni karmática (Rajoy sigue sin reencarnarse en oso hormiguero) siempre nos queda la posibilidad de coger al toro por los cuernos y continuar viviendo como desesperados, amando como se ama en la guerra (No hace falta llamarse Robert Jordan) luchando como se lucha en el amor y dándoles las gracias a los compañeros y compañeras de viaje por eso, por estar ahí y hacernos compañía, aunque sea a ratos.

Como diría Hilario Pino:

Feliz año a todos todos y a todas todas.

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Psicólogo Clínico Psicoanalista
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