Jugando a la Psicohistoria (Clínica y crisis)

La clínica es contingente, bástenos para ello leer algunos libros del Antiguo o del Nuevo Testamento (Ezequiel, Revelación son de los más paradigmáticos) para comprobar que el lugar que los delirios y las alucinaciones han tenido en el discurso colectivo pueden haber sido muy diferentes a los que tienen en la actualidad en nuestro entorno occidental. La clínica es un discurso que se hace alrededor de un malestar, el del paciente o el de su entorno respecto de unos síntomas que, en tanto que tales, no son sino significantes que tienen uno u otro significado pero que, están articulados por oposición con otros significantes, lo que les da, antes que óntica, su consistencia ontológica.

Conceptos a los que estamos tan acostumbrados como el del Amor no existían o eran absolutamente distintos en épocas distintas, leamos a Catulo o a Safo de Lesbos por ejemplo y comparémoslos con El Canto a Teresa de Espronceda. La subjetividad es algo tan reciente como la sociedad capitalista y la evolución de la condición de las personas de siervos a proletarios con la potestad de vender(se) la fuerza de trabajo y, por ende, aparecer la necesidad de firmar contratos.

La clínica psicoanalítica, o de la subjetividad, o del deseo, es contingente al avance e instalación del capitalismo como sistema hegemónico y su evolución anda ligada a los avatares de este sistema. Y sería del todo presuntuoso por parte de cualquiera plantearse siquiera si para bien o para mal.

Edipo es el mito que conviene, o conforma, al modo de producción capitalista. En Totem y Tabú Freud presenta la oposición entre las sociedades patriarcal y fraternal en la que, esta última reemplaza al padre por la ley a costa de que los “hermanos” vean parcialmente limitado su acceso al goce. Este esquema y esta tensión entre ambos modelos aparecen de forma recurrente a lo largo de la historia si recordamos a Tarquino el Soberbio, Luis XVI, o Nicolas II entre otros muchos.

Expresado en jerga marxista es una clase la que depone, o mata en muchos de los casos, al tirano para situar la ley en el lugar que aquel ocupaba, esa ley es un dictado de una clase, la fraternidad, sobre el resto de las personas. Como en cualquier otra sociedad, en la burguesa hay establecidos tabúes, prohibiciones sobre accesos al goce que obran para cualesquiera de los integrantes de dicha sociedad. El precio que se paga por la transgresión de estos límites es la excomunión.

La burguesía emplazó en el lugar de Dios a “La Ciencia” pero manteniendo, del antiguo sistema feudal, la expropiación de los cuerpos y las vidas de las personas de su propiedad. Ello abrigaba una de las primeras contradicciones latentes en el sistema, la libertad de contratar unos objetos jurídicos que no son, en realidad, propiedad de la persona que contrata.

En el sistema capitalista los sujetos establecen el pacto con el patrón, con el padre que es de donde deriva la palabra, reviviéndose, así, aquel que marca la salida del complejo de Edipo y que viene a ser una progresión del feudal por el que a cambio de la protección y legitimidad te reconozco propietario de mi destino. Es llamativo cómo a la pregunta por el ser se responda, o se respondiera, con una profesión. ¿Qué eres tu?… Zapatero, peón o médico, tanto nos da. En lo social es el trabajo, la profesión que se ejerce la que hace al ser.

El sujeto edipizado acepta una castración simbólica por la que, al menos en teoría, queda igualado ante la ley con el padre-patrón. Al menos en teoría ninguno puede estar por encima o al margen de dicha ley. Los aspectos inconscientes, siguen, no obstante, jugando su papel y, así, en muchos pequeños empresarios la empresa ocupa en el inconsciente el lugar de una madre a la que, por fin, pueden dar hijos, los trabajadores y sentirse, de forma fantasmática, como quien ha conseguido ocupar el lugar del padre. Los hijos-trabajadores tienen garantizado su sustento y el de sus familias a cambio de una explotación, mayor o menor según el lugar y el momento de la historia. Por otra parte el estado, la ley, ante la que todos somos iguales aplica la castración simbólica en forma de recaudación de impuestos lo que permite una redistribución de la riqueza en forma de justicia social, mayor o menor también según el sitio y el tiempo de los que hablemos.

La tensión entre “lo patriarcal” y “lo fraternal” se viene manteniendo en el capitalismo de manera evidente. Dado que los patronos buscan situarse en el lugar del padre omnipotente los trabajadores se articulan en diversas organizaciones de clase, en jerga marxista, o fraternidades, en jerga más psicoanalítica, principalmente los sindicatos.

Esto era lo estatuido hasta los años ochenta del pasado siglo, sin embargo encontramos algunos anuncios de un cambio sistémico o de un colapso como el que ahora padecemos. Aun antes de que se produjera el desplome del sistema comunista vamos encontrando en nuestro entorno rasgos significativos de que algo muy grave está cambiando. Cito a menudo el detalle del cambio de nombre en los departamentos de personal en las empresas para pasar a llamarse de recursos humanos, pasábamos del concepto teatral de persona, que arrancaba del barroco y articulaba toda la modernidad, al de recursos, una reificación posmoderna. De manera contingente quienes nos ocupamos de la salud mental empezábamos a comentar cómo aumentaban eso que Rodulfo llamó con acierto “trastornos narcisistas no psicóticos”.En el ámbito económico tecnócratas, de entrada no forzosamente propietarios, como Mario Conde adquirían cotas de poder enormes a través de un concepto para entonces novedoso, “la ingeniería financiera”.

Otros dos aspectos clave para el entendimiento de cómo van las cosas y que están estrechamente relacionados son la aparición del cibermundo y la ubicuidad del dinero de plástico.

En origen el dinero fueron vales que se utilizaban para representar las piezas, generalmente de ganadería que se intercambiaban en los mercados, todavía decimos “pecuniario” que deriva de pecus, cabeza de ganado. Desde siempre, es un decir, ha habido políticas monetarias, inflación, recordemos el empobrecimiento de la calidad de la moneda en el Bajo Imperio Romano o la aparición de los Reales de Vellón (Plata muy adulterada con cobre) con los Austrias españoles, sin embargo en la actualidad aquello que representaba más que ninguna otra cosa a las propiedades de un sujeto se ha esfumado al limbo del cibermundo sin que las personas puedan tener apenas control sobre qué y cuánto disponen o sobre el valor de ello en un plazo razonable de tiempo.

Los anclajes simbólicos del pasado, no tan remoto puesto que hablamos de una generación, se han, a su vez dispersado en una serie de identidades virtuales ante las que quedan pocos referentes reales. La multiplicación de personalidades parciales deja poco al sentimiento de unidad personal, de individualidad. Falsas o no, en muchos casos lo son, el cibermundo promueve no ya una anulación del individuo sino su estallido en una diversidad que le arrastra a diferentes destinos y con recorridos heterogéneos.

En la República Romana los individuos heredaban las propiedades de sus padres de tal manera que a un Publio Cornelio Escipión lo sucedía otro con el mismo nombre y las mismas características en lo que a su posición en la sociedad se refiere, alianzas, tendencias políticas etc. Las propiedades habían de ser entendidas como algo mucho más allá de lo que hoy en día llamaríamos los bienes de producción o consumo. La mayor parte del poder estaba concentrado en las llamadas tribus agrarias, esto es las de aquellos que disponían de tierras de cultivo. La expansión y el encontronazo con la hasta entonces aliada Cartago produce un efecto demoledor sobre el viejo sistema republicano, de una parte la casta guerrera se merma de tal modo que cuando, poco después, llega la amenaza de los cimbrios y teutones Mario tiene que armar a los proletarii para formar un nuevo ejército (hasta ese momento formado por los mismos que poseían tierras y podían pagarse el armamento) pero, también, las múltiples pequeñas haciendas que han quedado sin propietario se empiezan a concentrar en latifundi para los que la mano de obra pasará a ser de esclavos, convirtiéndose, así, la Republica en un Imperio, depredador de recursos, humanos y de todo tipo, las dictaduras (formales o no) de Mario, Sila y los triunviratos anticipan en el Siglo I AC el imperio que ya está por advenir con Octavio. Retorna lo patriarcal. Casi a la vez, en una provincia del este nace una nueva religión que será determinante los próximos milenios, es llamativo que tanto Cristo como Augusto signifiquen “El Ungido”.

El colapso de las repúblicas burguesas, o de la socialdemocracia, supone la destrucción de la subjetividad o va ligado a la misma porque depende, en buena parte, de la capacidad de los individuos para negociar sus propiedades en el mercado y es flagrante cómo esa facultad ha dejado de ser. Si miramos el asunto de las hipotecas veremos cómo algo que se compro por una cantidad X ha pasado a tener un valor muy inferior a esa cantidad, como aquella propiedad respondía con su valor de la cantidad tomada en préstamos, este ciudadano se encuentra con que ya no puede garantizar su pago por lo que pierde dicha propiedad o tiene que responder mediante un aumento de los réditos que se le aplican.

Conclusiones:

Jugando a ser psicohistoriadores podemos prever una tendencia cada vez mayor a la búsqueda, por parte de los ciudadanos, de modelos de liderazgo autoritarios que vengan a representar, para el imaginario colectivo la ilusión de la unidad perdida, el A sin tachar, este proceso no va a ser claramente ostensible, pero podemos intuir la proliferación de grupos y grupúsculos de carácter sectario (tanto me da si son formalmente religiosos, políticos o de otra índole), la violencia estructural va a aumentar y se articulará alrededor de temas clásicos como la xenofobia o la religión, tampoco el deporte se librará de ello y eso lo vamos viendo. Mientras la economía se globaliza más y más, y más se destruyen las propiedades de las personas, los nacionalismos y cantonalismos tenderán también a aumentar como ya estamos viendo en nuestro entorno más inmediato.

Mientras las tendencias prohibicionistas se incrementan (nuestro cuerpo no es nuestro y tenemos que tratarlo como a un objeto prestado, hipotecado) el sistema se convierte en el gran camello dispensador de las drogas del bienestar. Nos encontramos ya con una gran masa de no fumadores adictos a los antidepresivos y a los tranquilizantes.

Lacan nos enseñó que el inconsciente está articulado como un lenguaje pero el efecto que esta teniendo la crisis, que, insisto, viene de antes y es más profunda que lo que padecemos de cuatro años para acá, está siendo que el gran Otro no sólo está tachado, es que, además, se presenta como un fractal y una de las características de una curva fractal es la de no ser derivable. Si una derivada es la medida de la rapidez en que cambia el valor de una función según sea el de la variable independiente, si aplicamos este símil (no pretendo que sea otra cosa, al menos por ahora) que el inconsciente sea como un fractal implica una incapacidad para cualquier sujeto para determinar cual vaya a ser su posición para un momento dado.

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Psicólogo Clínico Psicoanalista
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