2012 (Y la madre que lo parió)

Es del hombre condición,
al igual que del cabrito,
morirse de pequeñito
o llegar a ser cabrón.

Recuerdo una película, no sé cuál, en la que alguien le decía a un adolescente “nunca te fíes de alguien que ha cumplido los treinta”.

Hay expresiones biensonantes que dicen gilipolleces o, incluso, cabronadas de buen tamaño. La “integridad” por ejemplo, la “ilusión” sin ir más lejos. Y estos días nuestros politicastros las repiten ad nauseam.

Estamos atravesados de manera radical, estructural y estructurante, por la castración simbólica. La integridad es una ilusión, la de que existe un otro completo que tiene todas las respuestas, como el libro de Warren Sánchez que ustedes pueden encontrar en el kiosko de la entrada, que dirían Les Luthiers. A estas alturas en que paso con cierta holgura de los cincuenta reconozco que Dios es el otro sin tachar, o al menos uno de ellos, menos malo. Al menos está en los cielos y no sabe de recetas macroeconómicas ni promete sacarnos de la crisis a cambio de recortarnos no ya el prepucio el pucio o el pospucio sino los derechos contingentes que nos habíamos dado tras muchos años de lucha.

Hace algunos años preguntaba a un colega por una amiga suya, también compañera de oficio y él me decía, “es una persona muy interesada, por lo tanto de fiar”.

Me pongo en guardia ante los idealistas, NUNCA son de fiar. O son ilusos o ilusionistas y estos últimos solo molan en las veladas de magia blanca, miras una mano mientras con la otra hacen el truco.

Quien está en politica lo está o por algo o para algo. De los “porqués” de la gente me suelo ocupar en la consulta de los “paraqués” en mi vida cotidiana dado que es lo que voy a tener que negociar para salirme con la mía, de vez en cuando…

Si la vida es eso que nos pasa mientras hacemos otros planes, la actividad política, y no hay ninguna que no lo sea, por acción u omisión, siempre se articula sobre nuestro deseo o sobre nuestro síntoma.

El gran problema, o uno de ellos al menos, de la izquierda ha venido siendo un inmanentismo ilusorio que estamos empezando a pagar caro pero que no es nada para la que se nos viene encima. Los derechos humanos y civiles de los que nos decimos acreedores son absolutamente contingentes y eso, la derecha lo sabe pero que muy bien, de hecho se los van a cargar mas a la corta que a la larga. La famosa crisis, que comenzó hace unos quince años con la globalización y la deslocalización de las empresas, no es sino momento de la simplificación y ganancia de posiciones estratégicas en el medio juego que tenía que venir tras aquella apertura de gambito.

Las piezas, los derechos civiles, van a ir cayendo ahora como fruta madura.

Mientras tanto vamos a seguir viviendo, viendo crecer a nuestros hijos en semejante panorama y oyendo las quejas de mucha gente jodida, y escocida, por los canallas vendedores de ilusiones. En otro lugar decía que la ética era egoismo responsable. Egoismo del vamos a tener que responder. Como decía hace muchos años el mismo colega del que hablaba antes “finalmente la cosa se reduce a que quien se lo monta se lo monta y quien se jode se jode”, en un momento de pedete lúcido, hay que añadir. Pero en un mundo globalizado, deslocalizado como el que nos toca es muy irresponsable, para con uno mismo, y para con sus hijos también, no ponerse a trabajar un poquito para que nuestro patio de vecindad no sea mínimamente decoroso.

Hay dos posiciones complementarias y que tienen en común un pesimismo básico, la de la queja sistematica por haber perdido el amor del amo y la del que dice “a tres palmos de mi culo fuego” o “el que más chufle capador”. ¡Sálvese quien pueda! Campi quin pugui!

En algún momento le dije a un amigo que era un “comunista conservador” y lo suscribo si por tal entiendo que estoy comprometido en conservar, frente a los furibundos ataques que estamos sufriendo, todos aquellos derechos que nos están robando. Cada vez son más y más las cosas por las que hay que pagar porque otros se las apropian y, además, al precio que ellos imponen. Cuando echan mierda a los ríos me roban el agua para beber, y luego tengo que pagar por la depuradora y por un agua que sabe raro… y así sucesivamente.

Es una lucha que ninguno puede afrontar solo pero, también, una lucha de la que nadie nos vamos a poder escaquear y, uno de los progresos que nos trajo el pasado siglo es que en las guerras modernas siempre son más las víctimas colaterales que las de los propios combatientes, así que, tú que te quejas de lo malo que es el mundo, ve decidiendo en que trinchera te vas a jugar la vida porque es el lugar donde tienes más posibilidades de sobrevivir.
http://www.arturoalcaine.com

Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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