Psicología Jurídica una perversión (otra más) del sistema

Hace casi treinta años que ejerzo como psicólogo dedicado a la clínica, durante este tiempo he colaborado como perito en los tribunales un número de veces del que ya he perdido la cuenta. No es un trabajo que me entusiasme pero tampoco me desagrada, me he visto haciéndolo porque a la mayoría de los colegas conocidos les asusta o les molesta; he de decir que por lo general en los tribunales y, sobre todo por parte de los jueces, me he sentido siempre muy bien tratado como persona y como profesional.

Nunca he mentido en las valoraciones que con mi firma han llegado a los juicios, he podido equivocarme, soy humano y, pese a que me gusta mucho la clínica y creo que soy bueno en esa parte de mi trabajo, no estoy por encima de esa condición, pero nunca he falseado un informe. Cuando me ha tocado ejercer como perito de parte he encontrado algunas veces, que quien me contrataba podía ser perjudicado por mis conclusiones, mi conducta en esos casos siempre ha sido la misma, aconsejar a mi cliente y a sus abogados que no fueran por esta vía, la de los informes periciales de psicólogos o psiquiatras, porque a la larga, además de costoso podía ser perjudicial a sus intereses en el litigio. Me considero, antes que nada, un psicólogo clínico con bastante experiencia profesional a quien alguna vez le piden opinión en un proceso y que no ha tenido miedo de emitirla en la confianza de que lo que allí dijera siempre sería lo que con total honestidad considerara que era lo más probablemente verdadero.

Voy a ser políticamente incorrecto quizá y, seguro, antipático para con algunos colegas que han hecho de esa perversión llamada “psicología jurídica” su modus vivendi, o una parte significativa del mismo al menos.

Durante los últimos años hemos asistido, con la creación de esta sección en los Colegios de Psicólogos, a una especie de profesionalización de este trabajo, el colmo de esta tendencia es la aparición de cursos y diversos posgrados para cualificar a los psicólogos en esta tarea.

En lugar de llamar un experto en una materia para que emita un dictamen con arreglo a su formación y experiencia se prepara profesionalmente a titulados, con o sin experiencia en clínica para que sepan redactar informes en la manera más conveniente a los intereses de las partes que los contratan, y a cuidarse de lo que se ha dado en llamar ahora metapericiales, de manera que aquello que llega a su señoría si non e vero e ben trovato.

Recuerdo hace algunos años en que un leguleyo, quizá poseído por el espíritu de Perry Mason, me preguntaba (supongo que se lo había preparado ojeando algún manual de psicometría) por la validez empírica de las pruebas que había practicado; por supuesto S.S., con buen criterio, lo hizo callar que para eso me habían nombrado perito y estaba cualificado para ello.

Hoy en día la cosa ya no va así. En un proceso hace un par de años emití un informe sobre un menor al que había entrevistado y practicado algunas pruebas, psicométricas y clínicas. El abogado, antes de darme el imprimatur, me reconvino por la parquedad de mi informe y tuvo a bien remitirme como muestra uno de los que le preparaba habitualmente uno de sus peritos. Un engendro de setenta folios en los que se incluía buena parte del manual del Test de Bender para afirmar, así, la validez de sus conclusiones. Cuando estudiaba en Barcelona lo hubieran suspendido directamente.

Los test, psicométricos, estandarizados, proyectivos, no son sino herramientas complementarias y ayudas en el proceso diagnóstico que no pueden reemplazar jamás a la formación y la experiencia del clínico. Ninguno de ellos nos va a proporcionar un diagnóstico del tipo que sea, tampoco uno que sirva para ser presentado en un tribunal, en todo caso nos pueden ayudar a discriminar entre diversas hipótesis y sólo cuando son interpretados desde un suficiente criterio clínico, lo contrario sería como pensar que la hoja con los resultados de unos análisis pueden reemplazar al médico a la hora de diagnosticar o de proponer un tratamiento.

En el mismo caso al que me refería antes la parte contraria presentaba un informe en sentido opuesto al que yo había emitido, factura de una colega al parecer especializada en el bluff quien, en su página web se presentaba como adscrita a una asociación miembro de la FEAP, pero que no contaba la acreditación (eso es fácil de averiguar en la propia FEAP), también como psicóloga clínica (sin contar con la titulación, al menos en aquel momento), esta “colega” incurría en su informe en flagrantes contradicciones, tanto desde la psicopatología pura y dura, como desde el psicoanálisis, orientación que decía tener y donde sí estoy acreditado en la FEAP no solo como psicoterapeuta sino como formador, supervisor y analista de otros terapeutas y psicoanalistas. Era un compendio de despropósitos y mentiras fruto de la ignorancia, en el mejor de los casos, o de la falsedad venal en el más probable de ellos. El menor en cuestión era cliente suyo y se dejaba en su consulta una importante cantidad de dinero cada mes, motivo por el cual decía conocerlo mucho mejor que yo, aunque otros pudiéramos pensar que difícilmente iba a arriesgarse a emitir una valoración que pusiera en riesgo una parte sustancial de sus ingresos mensuales.

Su Señoría, por supuesto, cuando vio que en un informe se decía blanco cuando en el otro era negro, anuló, con buen criterio ambas periciales. Eso sí, a una y otra parte le costaron una pasta. La situación es que como los otros pueden llevar un perito que oriente el veredicto tienes que llevar otro mercenario que argumente lo contrario para, cuando menos, contrarrestar al de tus rivales. Un gasto más que sumar a las famosas provisiones de fondos del abogado, honorarios del procurador etc.

Propongo, desde ya, la eliminación de las secciones de esa perversión llamada “psicología jurídica”, en todo caso que de existir esa especialidad sea sólo al servicio de los tribunales y nunca de las partes y que, de especializarse en algo, lo sea para detectar las torticeras manipulaciones que se estan llevando a cabo por unos profesionales de la mentira que poco o nada tienen que ver con el ejercicio de un oficio al que considero hermoso y apasionante.

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Una respuesta a Psicología Jurídica una perversión (otra más) del sistema

  1. nacho dijo:

    clarificador y totalmente cierto. a mi modo de ver, son los colegios profesionales los que están promoviendo este tipo de comportamientos y estas aberraciones profesionales. por lo menos en Valencia. en lo personal, a mi me gusta la aplicación de la psicología al mundo del derecho, pero como tú comentas, es decir, un profesional (clínico, por ejemplo) emite un informe en el que expresa su visión respecto a un particular.
    Nada más, gracias por la claridad de la exposición.
    Un saludo.
    Ignacio.

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