Mein Kampf (Und seine hure Mutter)

No sé si se trata de un Amok, tengo mis dudas, pero el hijoputa que ha matado en Noruega a casi cien personas, la mayoría críos adolescentes ni es un caso aislado ni está solo.
Hace bastante tiempo que vengo diciendo que vivimos en peor momento de la historia de la humanidad por lo que se refiere a la cantidad de gente que vive en el mundo absolutamente expoliada de los recursos más imprescindibles para sus vidas, tanto en términos porcentuales como absolutos. La cantidad de violencia que sobre ellos ejercemos y la sofisticación de la misma son abrumadoras.

En alguna otra entrada del blog comentaba que toda esa violencia obra también sobre nosotros mismos, tratar al resto de la humanidad como si fueran meros objetos, volviendo la vista para otro lado,  nos coloca en idéntica posición frente a nosotros mismos, a nuestros vecinos, a nuestros prójimos. El proceso de convertirnos en humanos implica la alienación para alcanzar la condición de semejantes.

Recuerdo hace ya unos años, cuando iniciaba el papado Juan Pablo II, que alguien en El País comentaba que había un cambio en la manera de decir, donde antes se hablaba de compasión ahora lo hacían de piedad. La compasión, en un contexto religioso, es el equivalente a la empatía en uno más psicológico e implica al A tachado, en la piedad el Otro está sin tachar y frente a eso no queda otra opción que un semejante en la posición del a minúscula, es decir de un puro resto de goce o como objeto causa del deseo puro y duro con la insoportabilidad como principal aspecto, facies.

Andaba yo estos días enfrascado en la lectura de “Mein Kampf”, es quizá tan recomendable como las “Memorias de un neurópata”  para ir entendiendo la paranoia, y reflexionaba cómo ese discurso pudo calar en la gente normal de un país culto como era la Alemania de los años 30. Me cuestiono mucho algunas opiniones sobre si se desncadenó un psicósis colectiva, me parece una forma, como otra cualquiera de eludir la responsabilidad del cada uno. La inmensa mayoría de quienes por activa o por pasiva sostuvieron el holocausto eran gente normal, si por normal entendemos cobardes.

La cobardía es algo diferente del miedo, es la justificación del mismo en las razones de la ideología. Por eso las ideologías, todas, son tan peligrosas a veces. Son el A mayúscula sin tachar, o al menos su representante en lo co-lectivo.

Reconozco tener bastante miedo por los tiempos que vivimos y por los que nos va a tocar vivir, me asusta más un cobarde que cien valientes, y parece que hay muchos, pero muchos, cobardes.

www.arturoalcaine.com

Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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