Historias de la puta mili

Soy de los que hicieron la mili, a mi me toco el campamento en Cerro Muriano, en la sierra aledaña a Cordoba, allí, en la segunda compañía de reclutas, teníamos un teniente instructor, de los que llamábamos chusqueros, un tipo cetrino y que rebasaba, allá por el 79, la cincuentena con amplitud, tenía una barriga poco apta para andar dando barrigazos así que el pobre hombre, que se había buscado la vida reenganchándose una y otra vez en la infantería desde hacía ya más de tres décadas, se encargaba de la “teórica”, se nos llevaba hasta unos alcornocales próximos y entre alcornoques, bellotas y uniformes color caqui peroraba el hombre sobre las diferencias entre un abrigo, una cubierta y el recorrido parabólico de las balas.

Decía tener los huevos negros de cien batallas, se había comido la guerra de Ifni y las había pasado bien putas. Rogaba porque nunca tuviéramos que pasar por nada semejante y nos trataba con un sincero paternalismo dentro de su estilo rudo de centurión primipilario.

En una de sus clases magistrales desgranaba sobre qué hay que hacer cuando vamos a saltar desde un abrigo a otro exponiéndonos a un posible fuego enemigo. ¿A qué tenemos que atender antes de cualquier movimiento? El manual de instrucción formulaba cuatro necesarias preguntas.

A dónde, por dónde, cómo y cuándo.

Ahí el hombre se quedo pensativo y mientras nos miraba alternativamente a nosotros y al manual con sus cavernosos ojos, a nosotros con compasión quizá y al manual con ironía seguramente, dijo:

– Y “pa qué” joder, y “pa qué”, que es lo mas importante de todo y no lo dice el manual ¡”pa qué”!

Estas cosas los colegas que se dedican a la psicología de empresa las llaman pensamiento proactivo, lo contraponen al reactivo.

Una gran parte de las personas tienden a confundir los “porqués” con los “paraqués”, les invito a un experimento bien sencillo, pregunten a cualquiera de una forma neutra, ¿cómo es que haces esta o aquella cosa? la respuesta más probable empieza así… Porque…

Es la manera de no querer saber nada sobre el deseo, sobre lo que se busca, y, por el contrario tratar de justificar las propias decisiones o acciones.

A estas alturas de mi vida en que debo rondar ya la edad de mi teniente instructor, in illo tempore, sólo me cabe agradecerle haberme instruido en una de las pocas cosas importantes de la vida allí, entre bellotas, como los chanchos o como los alcornoques, en aquél frio diciembre del 79, en la serranía de Córdoba.

http://www.arturoalcaine.com

Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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