¡El lobo… el lobo…!

Los insultos y denigraciones requieren de un contexto, de una ideología, así, hace algún tiempo me contaba un amigo que en un congreso de antropólogos se oía decirse unos a otros, cuando ya el enfado los llevaba a posiciones esquizoparanoides, en kleinés, o especulares, en lacanés, ¡tu lo que eres es un etnocentrista! Lo cual dado el contexto provoca en el resto de los contertulios la mirada de “¡huy lo que le ha dicho!”.

Hace unos días un significado colega lacaniano (esto pudiera ser un insulto porque lo del eje del significado siempre resulta metafórico para los lacaneses de pro) me decía, ¡huy! que era un asilvestrado. Me han dicho cosas peores y casi siempre con razón (gracias a Dios).

La cuestión que se discutía era la que está cayendo para el psicoanálisis en casi todos los ámbitos en los que ha venido teniendo presencia y aportando conocimientos a lo largo del último siglo. Mi colega decía que Miller había dicho que había que practicar la pedagogía freudiana. Yo mantenía que más bien era partidario de dirigirme a lo real del paciente como forma de que se produjera alguna presencia de la subjetividad de aquel, aquí vino lo de asilvestrado, cuando me interrogaba acerca de qué sería eso le comenté que el discurso universitario, y en este caso el de la psicopatología clínica clásica. Aquí yo estaba, quizá, desbarrando porque mi colega ya se había quedado sordo y no entendía nada.

Y sin embargo el suegro de Miller, un tal Lacan, era lo que precisamente planteaba en los cuatro discursos y para el universitario en concreto. El S2, significante del saber, dirigiéndose al a minúscula, el agujero, lo real en el otro, para que lo que aparezca como producción sea el $, el sujeto, quedando como verdad el S1, el amo, para el caso el psicoanálisis.

Desde que estudiaba en la facultad en Barcelona le tengo mucha afición a la psicopatología clásica a la de Kraepelin, Ey, Ajuriaguerra y tantos otros, creo que soy bastante bueno en eso, algún colega lacaniano me ha acusado de ser un médico frustrado, o cuando he practicado algún diagnóstico para colegas psiquiatras o psicólogos, han invalidado mi trabajo porque “el diagnóstico, en todo caso, será el del discurso” como me decía un colega en estado de “acapullamiento parcial”, llevado por la envidia, quiero decir. En buena parte mi afición a esa materia viene de los excelentes profesores que tuve, Poch, psicoanalista y muerto prematuramente, y Grau. Ambos psiquiatras de hospital y con lo real bastante impregnado y a travesado por el contacto con la locura. Si hago memoria los profesores que rescato fueron aquellos que sabían de qué hablaban y no solo de lo que pone en los libros.

Pues bien, ahora andamos con una batalla, perdida de antemano pero para la que estoy dispuesto, en defensa de una psicopatología clínica y no estadística, o no sólo, cuando menos. Ahora resulta que hay que defender algo que buena parte de los psicoanalistas, los lacanianos de pro sobre todo, se han pasado años denostando. ¡A buenas horas mangas verdes!

Uno de estos colegas planteaba hace unos años que la clínica psiquiátrica era de la mirada mientras que la psicoanalítica lo es de la escucha, yo añadiría que la clínica refiere a la persona, arranca del concepto de las ciencias que nace de la Ilustración y que parte de un concepto teatral del mundo gestado en el barroco, persona es un concepto teatral, refiere a los roles, es imposible, por lo tanto que la clínica clásica no se vea ideologizada, o que no produzca contradicciones, la psicoanalítica es una clínica del sujeto, es efecto de la sociedad burguesa y capitalista. La psicopatología estadística es el correlato clínico, recordemos al infausto House “yo no trato enfermos, trato enfermedades”, de la destrucción de la propiedad privada por parte de la sociedad capitalista avanzada y de la desintegración  de las personas en meros factores.

Después de años denostando la clínica ahora viene el lobo y hay que defenderla de la vesania con la que se la viene tratando, sobre todo con la psiquiatría norteamericana y pagada por los intereses de las multinacionales farmacéuticas. No se me ocurre manera de defenderla que no pase por estudiarla un poquito y por el abandono de cierto narcisismos al que tan dados somos los psicoanalistas en particular.

www.arturoalcaine.com

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Psicólogo Clínico Psicoanalista
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