Matar al mensajero

Soy marxista, cada vez más de la tendencia grouchiana y por eso quizá nunca pertenecería a un club que admitiera gente como yo, quizá también por eso mis amigos, la mayoría de los pocos que considero tales, mantienen opiniones muy diferentes que las mías, no me interesa mucho debatir con quienes ya hay un acuerdo de partida acerca de las cosas.

Las hay opinables y las hay que no, que dos más dos suman cuatro no es opinable, excepto para un estadístico que dirá que el resultado esta entre 3,95 y 4,05 con cinco grados de libertad. Buena parte de las opiniones se derivan del deseo de cada cual y buena parte de la gente no quiere saber nada de su deseo, de algo tenemos que vivir los psicoanalistas porque esto genera mucho malestar, muchas broncas y mucho trabajo neurótico para demostrar, de las formas más peregrinas que “tu no tienes razón y yo sí”.  Por eso quizá en lo poco en lo que coincido con mis amigos es en cierta honestidad a la hora de reconocer abierta, o tácitamente, que lo cada uno opinamos es la consecuencia directa de lo que cada uno deseamos.

Recuerdo hace algunos años que preguntaba a uno de ellos por una colega, conocida mía y amiga suya, con quien pensaba iniciar un proyecto de trabajo, su respuesta fue, “es una mujer muy interesada, por lo tanto de fiar”.

Hace unos días tuve una pequeña diatriba epistolar con un conocido que no sé si me lee o no, era uno de los que con cierta asiduidad me remitía presentaciones o enlaces de estos que corren por internet, la mayoría curiosidades o humoradas y unos cuantos, bastantes, de contenido político y siempre, estos últimos, absolutamente tendenciosos y destinados a denigrar al gobierno socialista, sobre todo en lo poquito que hace en cuanto a política de izquierdas. Alguno cayó también exaltando al mismo tiempo a Franco y todos, en general, con un tufillo carca de lo más repugnante.

El motivo directo del mosqueo fue un video colgado en Youtube de una clase magistral del catedrático Jesús Huerta explicando la caída del Imperio Romano en función de las coberturas sociales del mismo y comparándolo a nuestro actual estado del bienestar. La disparatada exposición del profesor me dio para pensar varias cosas, una, triste, el bajo nivel intelectual que se les supone a sus alumnos, dos el no mas alto que me supone a mí quien me remite el disparate. Si la una me preocupa y entristece la otra directamente me cabrea.

Y claro que contesté, no me puedo callar en todas las ocasiones, demasiado me toca por oficio. En internet hay de todo o casi, hay todo tipo de argumentos, de nosotros depende que tomemos unos u otros para expresarnos y tratar de influir en los demás. Toda comunicación es, entre otras cosas un ejercicio de poder, un intento de someter y transformar al otro de acuerdo con las que creemos que son nuestras conveniencias. Desde luego preferible a la cachiporra.

Lo que me resulta intolerable es que se tire la piedra y se esconda la mano, tiene Ud. todo el derecho a admirar a Franco y a detestar a ZP y si es así dígalo, con sus argumentos, ilústrelos, incluso, con los PDF o Power Point que quiera, respeto ese su derecho (aunque no comparta ni sus deseos ni sus opiniones), pero no ofenda mi inteligencia diciendo que es sólo el mensajero, que esas son cosas que corren por ahí, Ud. las selecciona, cuidadosamente y siempre con el mismo contenido o parecido, Ud. las remite y por ende Ud. es quien está opinando. No mato al mensajero, denuncio al impostor.

www.arturoalcaine.com

Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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