Los morritos de la ministra y el Sr. alcalde

Andan por ahí más o menos exaltados con las declaraciones del alcalde de Valladolid sobre la ministra Pajín tildándolos de machistas y todas esas cosas políticamente correctas que se dicen sobre los que cayeron en lo políticamente incorrecto. Cansadico me tienen.

La Sra. Ministra no es un bellezón pero para lo que corre entre la clase política es de las más apetecibles, a ello contribuye no poco que es, en efecto, joven.

Una de las cosas que me gustaba, veremos si dura, de nuestra clase política, y no me refiero a la española sólo sino a la europea continental, era la distancia casi absoluta, la irrelevancia de la vida privada de nuestros próceres en el debate político. A nadie importaba las familias que tuviera el Mr. Miterrand sino la honestidad o competencia con que desempeñaba su cargo, otro tanto podría decirse de algún ex-vicepresidente del gobierno español, o de la condición de gay de algún ilustre senador.

Recuerdo, no hace tanto, lo mal que cayeron, a izquierda y derecha, les insinuaciones vertidas por el ministro Sebastián contra Gallardón cuando estaban disputando la alcaldía de Madrid.

No sucede lo mismo en el Reino unido o en los EEUU donde, quizá por no tener la tradición del derecho romano y primar mucho más la jurisprudencia y las manipulaciones efectistas de los jurados a que nos tienen acostumbradas las películas importa mucho dirigirse a las esferas mas innobles del psiquismo del electorado. No hace tanto comentábamos, no sin repugnancia, en la sede de EUA-ICV las insinaciones vertidas por un candidato cabreado de aquí de Lloret contra un Ilmo. Sr. miembro del equipo de gobierno, aunque no estemos de acuerdo en absoluto con su gestión política, y no diré más porque ni el panfletario ni la cosa merecen mayor atención.

Volviendo a los morritos de la Sra Ministra creo que con todas estas chuminadas (horror, lenguaje machista, cámbiese por pijadas) de si eso es machismo o sexismo se vuelve, como dirían Les Luthiers a “razonar fuera del recipiente”.

El Sr. Alcalde tiene todo el derecho del mundo a que los morritos de la Sra. Ministra le pongan (como se dice ahora) y también a que le susciten las fantasías eróticas que le susciten. Faltaría más. Incluso tiene derecho a hacérselo saber a ella. El día que ya no podamos tirarle los tejos a una señora que nos pone se acabará el mundo o, al menos. la humanidad. Lo que es lamentable es el estilo con que lo ha hecho, no ya machista, sino parecido al de esos ya granaditos que pasadas las dos de la mañana y ahogada su soledad con algunos whiskys andan diciendo groserías a las chicas en las que su impotencia y frustrada soledad les provoca que no les puedan ofrecer más que babas y mala leche. Siempre les hemos llamado babosos o patosos y eso sí, me parece verdaderamente grave.

 

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Psicólogo Clínico Psicoanalista
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