Corrupción

Es una palabra de moda, los escándalos por la corrupción de nuestros políticos están en todos los medios de comunicación y salpican a diestro y siniestro, vamos a la derecha y a la izquierda y, a menudo al mismo tiempo y en contubernios que tienen poco que ver con la filiación política y mucho más con la afinidad de intereses particulares en los que se asocian y reparten los botines en promiscua comunidad.

Un buen amigo a quien considero persona “asenyade” como dicen por aquí, y a quien considero de esa derecha civilizada que merece todo mi respeto, me decía hace poco que parecía que aquí (refiriéndose a Cataluña) parecía que la tradición había sido otra, y que los tiempos (los últimos casos que están aún n los medios) demostraban que no, que era como en todas partes. Algo después escuchaba a un opinador mediático afecto al actual gobierno decir que si ahora se destapaban más casos de corrupción era porque las medidas puestas en marcha en la pasada legislatura por el gobierno de ZP estaban permitiendo destapar los casos con una mayor eficacia… Todo ello cuando aún no hemos acabado de salir de una crisis económica global que además de haber arruinado la vida de muchas personas no ha sido sino la consecuencia de un sistema corrupto, muy corrupto.

La corrupción puede ser entendida como un retorno por un cortocircuito de la pulsión de muerte. La corrupción, en ese sentido es inevitable, en ultimísima instancia cualquier sistema que estudiemos va a estar sometido a la segunda ley de termodinámica, esto es la cantidad de desorden siempre va a tender a aumentar o, si se prefiere, va a caminar hacia niveles energéticos más bajos.

El análisis marxista de la historia presenta el progreso como una consecuencia de la lucha de clases, será interesante reflexionar alguna cosa respecto a la idea de clase. Pertenecer a una de ellas supone que el individuo es par de otros. Está clasificado por algo que le es común a alguno y no a otros, las clases, cualesquiera que sean se constituyen por aquello (o aquellos en este caso) a lo/s que excluyen. Se trata de una modalidad más evolucionada, aunque no mucho, del pensamiento totémico.

La muerte del padre de la horda primitiva a manos de la fraternidad y su substitución por la ley coloca a todos los individuos en una posición de culpables bajo esa misma ley que los hace iguales, aunque me gusta más la palabra pares, frente a la prohibición del incesto y del asesinato de otros del mismo tótem, de la misma clase.

Casi todas las grandes revoluciones de la historia, y los imperios que las han seguido, se basan en esa misma estructura mítica que se repite a lo largo de los siglos con algunos matices, no importa si se trata de la monarquía romana con la expulsión de último de los Tarquinos, como de la francesa con Luis XVI decapitado o más próxima aún la caída de los zares en Rusia. Sin embargo todos esos imperios cayeron y lo hicieron desde dentro.

En todos ellos podemos rastrear al nepotismo y al clientelismo como factores precipitantes a largo plazo. En cualquier organización política, y he sido testigo de ello en más de una, los pares que ocupan los lugares de poder y decisión alcanzados por méritos propios y escogidos a través de mecanismos más o menos democráticos acaban situando en lugares de poder intermedios a aquellas personas con quienes tienen vínculos familiares, intereses comunes y que, sobre todo van a ser dóciles con la mano que les da de comer. En un principio esto se justifica por razones de eficacia pero trae consigo una primera cuña de Thanatos sobre la organización. Paradójicamente una de las mas claras manifestaciones del Eros se da en la agonía que, etimológicamente, no significa otra cosa que lucha, por la vida en este caso. Por lo general, si descendemos un escalón más en la jerarquía, los siguientes puestos de confianza no son ya dados a personas que, además de más o menos competentes, cuentan como principal mérito el de no cuestionar nunca a sus amos.

A lo largo de la historia vemos cómo la corrupción (la pulsión de muerte) es la única fuerza permanente en el seno de las sociedades y la que provoca los cambios sociales y políticos al hacer que los sistemas de clase, en los que una fraternidad se adueña del dominio y control de todos los recursos y que funciona de forma paritaria en su interior, camina indefectiblemente hacia un sistema patriarcal donde las jerarquías se transforman en posesiones hereditarias, esta corrupción sistemática es la que propicia su reemplazo por otra clase, sea por la vía de una invasión o por la de una revolución interna.

Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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