El dedo y la luna

Ya conocemos el dicho, “cuando el dedo señala la Luna el idiota mira el dedo”. A mi siempre me ha dado qué pensar, por lo que tengo de idiota, que no debe ser poco, pero es que en ocasiones el dedo es tanto o mas interesante que aquello a lo que que señala; es más, a menudo, como los prestidigitadores, el dedo señala a otra parte para que no veamos qué se cuece ante nuestras propias narices, no son pocas en las que el tonto del pueblo, como aconteció en el mío hace ya muchos años con Domene es quien denuncia lo evidente.

Domene era un tonto que murió algo antes de que yo naciera, y cuentan que, estando alrededor del fuego de un hogar, con las cadieras a los lados y el puchero grande sobre la lumbre, saltó una purna hasta uno de los piales de alguno de los concurrentes. El bueno de Domene intentó llamar la atención repetidas veces pero lo acallaron para que no molestara, el pobre quedó frustrando y repitiendo, de tanto en tanto, “ya avizará” (ya avisará, claro), “ya avizará” … “ya avizará”…

Por fin la purna se abrió paso a través de la gruesa lana del pial y se desencadenó toda una suerte de improperios, blasfemias e imprecaciones por parte del abrasado labriego mientras Domene se encogía de hombros y exclamaba “¡ya avizao!”.

En el acerbo cultural de Caspe ha quedado ya la expresión “ya avizará” como denotadora de que tiene toda la pinta de que las cosas pueden acabar mal.

También se me viene a las mientas aquella jota de La Bullonera “Al empezar el diluvio todos estaban alegres, diciéndose unos a otros: Que buen año va a ser éste”.

La derecha, más o menos manifiesta, más o menos latente, habla de crisis de valores, no me parece mal, es lo suyo y estamos en tiempos de crisis y la derecha siempre se preocupa de los valores. La Luna. El dedo son esos chicos que agreden a los profesores en las aulas o que se enfrentan en el botellón a las FOP o que acosan a otros compañeros y la solución que propone, para variar, es aumentar la capacidad represora del sistema otorgando a los profesores la condición de agentes de la autoridad, de manera que muchas de esas conductas pasen a ser consideradas delitos y se aumente, supuestamente, la capacidad intimidatoria de dichos profesores… Que es tanto como suponer que un psicópata antisocial va a dejar de cometer una conducta indeseable por miedo a las consecuencias… Como dirían por mi tierra… “buena la llevas ‘Calatayú’”.

Otro dedito, meñique quizá porque no es muy notorio, pero que algo debe señalar, son los juguetes de moda entre los niños, junto con los superhéroes de toda la vida y algunos otros que han ido apareciendo, es decir humanos con alguno, o muchos de sus atributos hipertrofiados, vemos aparecer una serie de personajes, los Gormiti por ejemplo, en los que queda poco de apariencia humana y por el contrario es la monstruosidad de los puros atributos, en general de aspecto agresivo y amenazador, el único elemento identificatorio que, sin embargo, funciona con espectacular eficacia dado el éxito comercial de estas producciones. En el héroe, o superhéroe, clásico alguna metonimia, más o menos fálica, de las pulsiones pregenitales “dota” al personaje de poderes extraordinarios, aunque, generalmente a costa de complicarle la vida en otros aspectos y de crearle otras debilidades en su mapa vital, en el caso de los nuevos personajes el aspecto humano casi ha desaparecido, no son ni buenos ni malos, sino máquinas de matar que se enfrentan a otros mónstruos.

No se trata de que estos juguetes “psicopaticen” a nuestros niños, se trata de que el hecho de que tengan éxito comercial denota cuales las características de las identificaciones inconscientes de nuestros niños y jóvenes.

Hay un momento clave en nuestro camino desde cachorros homínidos hasta el de niños humanos en el que el bebé encuentra la mirada perdida de la madre puesta en otro, generalmente el padre, para reencontrarla después en sobre sí de una manera que lo identifica como de la misma clase de ese otro. “Yo soy como ese, ese y yo somos de la misma clase porque a veces nos miran igual” se podría decir que es la operación.

Pues bien, o pues mal, en nuestro entorno esa figura del tercero (humano) que me permite acceder a la condición de tal, y que generalmente era representada por el padre como objeto relevante en el deseo de la madre, ha sido borrada. No es cosa de ahora mismo, hace ya unos veinte años (tendría yo treinta o treinta y pocos) observaba en un concierto que dieron Kraftwerk en el teatro Fleta de Zaragoza cómo muchos de los asistentes se identificaban y jaleaban la terrible canción “We are the robots”.

Mientras la derecha habla de crisis de valores (la bolsa o la vida, ya sabemos) y la progresía habla de igualdad, lo que se promueve es otra cosa bien distinta a esto último, la indiferencia.

Ya avizara.

www.arturoalcaine.com

 

Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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