Moral sexual y economía

No existe ninguna sociedad, ni ha existido hasta donde sabemos, que no regule las relaciones sexuales y las relaciones entre los sexos, que no es lo mismo pero es igual… que diría el cantante.

En los tiempos y en la parte del mundo que vivimos, donde internet y otros recursos escopofílicos nos permiten mirarnos el ombligo cada vez más y cada vez con un menor ángulo y apertura, hemos llegado al punto de construir mitos tan convenientes como contradictorios alrededor de un concepto tan engañoso como ignorado cual es el de la libertad.

Para lo que ahora nos ocupa la libertad sexual no es sino otro aspecto del único dios al que hemos otorgado el don de la omnipotencia y, diría más, el de la providencia en la medida en que se nos dice que es capaz de resolver por si mismo todos nuestros problemas; quien sabe por qué oscuros mecanismos autorregulados mediante los cuales los más aptos serán capaces de vender sus soluciones mejores y más baratas.

Basta echar una pequeña ojeada a algunos de los progresos en cuanto a libertades civiles y derechos humanos para comprobar lo engañoso del asunto, ello es conveniente porque nos permite augurar con un grado razonable de certeza que las cosas pueden cambiar en otro sentido cuando las condiciones económicas lo auspicien.

El derecho de las mujeres a decidir acerca de sus embarazos (bien sea mediante la anticoncepción bien mediante el aborto) en realidad oculta un rechazo en nuestro entorno a la crianza de hijos, actividad que va siendo progresivamente más difícil. El principal medio de producción de cualquier entorno económico son las personas lo mismo que la principal riqueza de un país. Producir personas es carísimo y detrae personal cualificado, en este caso las mujeres, de la cadena de producción. Resulta mucho más eficaz y conveniente importar esas personas ya crecidas y en plenas posibilidades laborales; así el fenómeno de la inmigración supone un perfeccionamiento del método esclavista, pero con muchísimas más garantías para el explotador, las personas que emprenden ese viaje suelen ser los más aptos y con mayor iniciativa de sus países de origen, que así se ven privados del único y mejor recurso que podría sacarlos adelante, luego, por si eso fuera poco, tienen que “aprobar unas oposiciones” durísimas, sobrevivir a días de navegación en condiciones más que extremas, sortear a la policía etc. El producto final es un ser dispuesto a todo, Eto’o fue quien, con la inteligencia y la sorna que le caracteriza, lo expresó en su día de una manera más clara “vengo a correr como un negro para vivir como un blanco”.

Quede claro que no me opongo al derecho a las mujeres a decidir, faltaría más; y eso que el aborto es siempre una tragedia personal para todas aquellas que se ven en esa circunstancia. Tener que retroceder ante un deseo como el de la maternidad no es algo que no deje secuelas, pero sí puedo atestiguar de las dificultades que se presentan en muchas jóvenes a las que escucho en mi consulta y para quienes, en las actuales circunstancias, optar por la maternidad implica el riesgo de verse marginadas en lo social.

Maricón o marica son palabras políticamente incorrectas, sólo a algún amigo homosexual se las escucho utilizar con cierta soltura en público, pasa como con los chistes de ciegos, son algo que ofende al colectivo aunque un antiguo amigo, vendedor de la ONCE, te los cuenta en retahila a la menor oportunidad. Gay es ahora el término, alegre, un eufemismo que señala, por el mismo hecho de estar ahí, que estamos en algo marginal si no ¿para qué su necesidad?

Y sin embargo ahora se sale del armario aun sin haber entrado. Viste (los armarios es lo que tienen). Hace ya unos años me comentaba un colega que se trataba de un colectivo cada vez más valorado porque solían ser gente que reunía dos sueldos, que no tenía hijos y que disponía de buenos recursos por tanto para gastar.

Hace un poco tiempo un conocido entrevistador llevaba a su programa a personas de otras “parafilias”, personas que practicaban el intercambio de parejas, el sexo en grupo o el sadomasoquismo, más allá del propósito de vender audiencia alimentando el morbo, se percibe la necesidad de “normalizar” de “humanizar” a esos colectivos y mostrar que no llevan cuernos y rabo (en el antiguo sentid de la palabra, claro). Estamos ante más de lo mismo.

A un “antiguo ecologista”, como ya voy siendo, no le parece mal que el libertinaje, tan divertido cuando el cuerpo lo permite, deje de ser motivo de exclusión o persecución, pero no nos hagamos muchas ilusiones respecto a que ello tenga demasiado que ver con verdaderos progresos en nuestra libertad. Nuestra moral sexual es ahora, como siempre, lo que Dios manda y ahora Dios es el mercado, mañana puede mandar otras cosas.

www.arturoalcaine.com

Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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