Lunas de hiel

Los clásicos son clásicos porque en ellos los poetas han atrapado algo de lo humano que nos sigue conmoviendo, pese a lo trasnochado, a veces, del lenguaje, de la traducción o del escenario. Algo de nuestra verdad sigue ahí, en esas palabras y ni los cambios sociales, económicos o técnicos le quitan un ápice de ella a Don Quijote, Hamlet, Edipo, Antígona o Medea.

Hace unos veinticinco siglos Eurípides daba forma a una de sus más desconcertantes tragedias. Medea, después de traicionar a su padre y facilitar a Jasón, su apasionado y loco amor, el vellocino de oro, viéndose engañada por éste, toma venganza matando a sus propios hijos que luego le sirve en un banquete para que su ultrajante marido acabe devorándolos. Medea resulta especialmente horrorosa ¿qué madre puede llegar a tales extremos de locura y crueldad?

Y sin embargo se sigue representando y continúa hiriendo nuestros corazones con su desesperada venganza. No nos parece algo tan ajeno como para que haya caído en el olvido de los siglos.

Hace poco leía un magnífico artículo de una colega del Colegio Prpfesional de Psicólogos de Aragón (COPPA), Asunción Tejedor, en el que hablaba sobre el Síndrome de Alienación Parental, (el artículo está colgado en la página web del Colegio) en el que, entre otras cosas instaba a que se reconociera la existencia de dicho síndrome porque, dada su no aparición en el DSM-IV, algunos abogados habían logrado convencer a los jueces de que tal cosa no existía. Claro ese tratado de psicopatología se pretende exhaustivo y por lo tanto en él tienen que reflejarse cualquiera de las posibles entidades nosológicas. Qué cosa es que en los veitiseis años que llevo ejerciendo conozca ya de tres revisiones de dicha obra y, por lo que tengo entendido está por salir una más en fechas próximas…

Pero algunos jueces dan por cierto, al menos en sus sentencias, que el saber estatuido en semejante engendro clínico (Por lo que respecta a su rigor científico y a su calidad médica o psicológica, no cuenta con mucho más soporte que el prestigio del poder político e ideológico de los USA, pero eso no es poca cosa en los tiempos que corren) es lo que refleja de forma verdadera lo que ES, con mayúsculas.

Desde luego ello simplifica notablemente las cosas al sustraerlos de cualquier responsabilidad ética.

Más o menos por la época en la que Eurípides daba forma a su Medea (el mito es anterior, y con variaciones, y también hay otras versiones como la de Séneca) Lao Tse, en China, escribía en el Tao Te King que perdido el Tao (y tao se puede traducir de muchas maneras, el camino, la verdad, lo que hay bajo los pies, lo que nos sostiene…) queda la virtud, perdida la virtud queda la justicia, perdida ésta queda la bondad y cuando se pierde la bondad queda el rito y éste es sólo apariencia de fidelidad y origen de todo desorden.

Estamos en unos tiempos en los que la apariencia científica de algunos discursos fuertemente ideologizados sirve de coartada para que algunas intervenciones propicien y aun auspicien praxis que en su aspecto ritual se adecuan a derecho probablemente pero que tienden a generar a la larga un mayor desorden e injusticia en la sociedad. Por otra parte la pervivencia de ciertos mitos como el de Medea debiera alertarnos acerca de la pasta de la que estamos hechos los humanos y de la necesidad de dedicar algo más de esfuerzo y recursos a la atención, estudio y profilaxis de estos casos.

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Psicólogo Clínico Psicoanalista
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