Conflictos y protocolo

Hace unos días nos convocaron en el colegio Pompeu Fabra de Lloret de Mar, donde estudia mi hijo para darnos las directrices de lo que va a ser el modus operandi para el curso que hemos empezado. Se nos comunicó que estaba terminantemente prohibido llevar juguetes ni aun para el patio, tampoco cromos u otros objetos de intercambio porque eso genera conflictos.

Una de las madres allí presentes, notable caso de personalidad histriónica (como dice ahora el DSM-4, antes se llamaba de otra manera) aprovecho para exhibir un vehemente alegato acerca de la injusticia que padecía su hijo a quien ella examinaba exhaustivamente antes de salir de casa por si osaba a llevar tan perniciosos objetos mientras que otros padres hacían, hacíamos, la vista gorda y consentíamos que los nuestros sí los llevaran, motivo por el cual el suyo se sentía frustrado y agraviado comparativamente. Por supuesto fue muy aplaudida, supongo que era lo que buscaba, por las maestras presentes.

La situación me trasladó, pues no sabía de esa estúpida (perversa más bien) norma, el conflicto.

Por supuesto que la propiedad genera conflictos, en general casi todos los que se dan en el mundo se deben a que unos tienen y otros no. ¿Será pues la solución que nadie tenga?

La escuela tiene entre otras la irreemplazable labor de socializar a los niños, de convertirlos en uno más de los miembros de esta sociedad. Esto es hoy en día, cuando una gran parte de los niños son hijos únicos,  más necesario que nunca. Pero en esta sociedad, y no digo ya en otras más crudas, el conflicto, los conflictos de intereses son la norma y no la excepción. El aprender a vivir con ellos y tratar de resolverlos negociando es uno de los aprendizajes básicos para el día de mañana. Por un lado los padres están haciendo dejación de su trabajo de tales esperando que que los maestros eduquen a los niños, (y eso no les compete porque se tiene que hacer desde la casa) se les cuestiona cualquier tipo de autoridad y se les brinda, así, la coartada para que hagan dejación de parte de sus obligaciones que es ejercerla actuando como limitadores en las disputas y conflictos. Así lo acaba imponiéndose es un protocolo que impide que los niños se encuentren con el conflicto en un marco reglado, vigilado, como es la escuela, y se encuentren con éste "en la calle" sin otros recursos de negociación que la violencia.

Por otra parte no puedo hacerme cómplice de tamaña insensatez ni incitar a mi hijo al desacato. Cuando él protestaba con bastantes argumentos sensatos sobre lo injusta que le parecía la norma no pude sino decirle que a mi también, pero que era la norma  y que violarla le traería consecuencias. Dura lex sed lex.

También es competencia de los padres transmitir a nuestros hijos un sentido crítico al tiempo que realista sobre el mundo, sobre todo el que les afecta de una forma más inmediata y cotidiana.

Esa norma está puesta, como una gran parte de los protocolos en los servicios asistenciales para servir a la comodidad,que no a la eficacia, de los cuidadores y docentes, en parte es consecuencia, pero más bien correlato, de lo periclitada que está la función paterna. Las alternativas que produce van a ser la de nuestra histriónica madre, tener una coartada para gozar persecutoriamente de los hijos cacheándolos como a delincuentes cuando salen de casa, o "hacer la vista gorda" enseñando a los hijos a pasarse las normas por el forro… cualquiera de las dos sitúa a nuestros hijos enfrente de la ley. Atengámonos pues a las consecuencias.

 

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Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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Una respuesta a Conflictos y protocolo

  1. Agustín dijo:

    No te extrañe sobrino que calle comentarios a tus comentarios. Te digo esto porque si me quedo en silencio, en mi caso, parecería desdén o menosprecio. Pues no. Leo todo lo que escribes. Simplemente que voy perdiendo el interés por casi todo. Cosas de la edad, debe de ser. Y tú sabes de eso, (en teoría quiero decir). Ya no escribo a ningún periódico esas cartas que solía parir de cuando en cuando. Todo me da igual. Bueno, todo no, mi entorno, mis nietos, los más allegados como tú, son mi única inquietud. Y esto referido a "los otros" pues sigo pensando que lo más importante para uno es cultivar y no renunciar nunca a los pequeños placeres individuales que hacen que la vida valga la pena; me refiero a la lectura-escritura, la música, el juego, el tabaco, etc. que son exclusivos de nuestro albedrío y nos amparan de los  momentos de frustración y desencanto. Un abrazo.

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