Karma

Podemos decir que el psicoanálisis es la manera que occidente ha encontrado para bregar con eso que los budistas llaman karma. Hay una gran diferencia entre la idea de reencarnación del karma y la de la transmigración de las almas.

Resulta jocoso, y es un tópico, cómo algunos iluminados creyentes el la reencarnación se sugestionan hasta convencerse de que en otra vida fueron Napoleón, Cleopatra o Sitting Bull. En occidente casi todo gira alrededor del concepto de persona que es un concepto jurídico y, más aún, en origen teatral. Nuestra psicología es una psicología de la personalidad o de la conducta, pero vinculando la conducta a su adecuación o no al papel, al personaje desempeñado en "el gran teatro del mundo".

Además, lo que comprobamos en el psicoanálisis es cómo, a lo largo de las generaciones, determinados imperativos morales, formas de mirar, disposiciones a la repugnancia, miedos, etc. se transmiten de unos a otros la mayoría de las veces sin que tengamos conciencia de ello y nos atraviesan y somos sus portadores a nuestro pesar o a nuestro placer, o ambas cosas, según el momento que nos toca y cómo nos sentimos.

El Yo, que es algo en realidad bastante moderno, se pretende coherente e inevitablemente genera la culpa en la medida en que no puede aceptar ser otra cosa que aquel personaje en el drama que supuestamente le corresponde ser. Ahora bien, lo que el psicoanálisis nos vuelve a mostrar, aunque hace ya 25 siglos en que lo hacía el primer Buda, es que más allá de lo imaginario a lo que cada uno estamos dispuestos a reconocer como "La Realidad"  (eso a lo que los budistas llaman dharma) nos vemos condicionados y de hecho somos, muchas más cosas de las que nos gustaría para nuestra tranquilidad.

Hace algún tiempo recibí un "power-point" sobre los perros en el que en clave de humor, y entre otras cosas, reflexionaba sobre lo engañado que debe estar el nuestro cuando nos ve llegar del super con un gran saco de comida y piensa que somos unos grandes cazadores. En realidad nuestro perro no iría tan equivocado, el autor de la presentación tal vez aún mantiene la idea romántica y adolescente de la bravura individual como un valor y se olvida que es nuestra capacidad organizativa y disciplina la que ha hecho de nosotros el más atroz de los depredadores que jamás han hollado el planeta. Los bravos, fornidos e irreductibles galos de Vercingetorix se encontraron en Alesia con ello muy dolorosamente y eso que superaban a los romanos en una proporción de casi cuatro a uno.

En una sola generación hemos asistido a la eliminación del servicio militar obligatorio como una parte del bienestar del llamado estado del idem, sin embargo ello ha coincidido con nuestra entrada, y con nosotros de una gran parte de Europa, en la OTAN. Entre tanto mantenemos un pequeño pero eficaz ejército de mercenarios que ayuda, junto con otros aliados, al poderosísimo ejercito imperial a mantener unas condiciones de predación sobre el resto de la humanidad como nunca se han dado en ninguno de los imperios, más o menos globales, que nos precedieron. Nunca tantos fueron desposeidos de todo ni en términos absolutos, ni porcentuales ni con la eficacia con la que lo hacemos hoy en día.

Les aseguro, por experiencia, que pasearse en un grupo de turistas por un país del tercer mundo y sentir la mirada  de los negros es toda una experiencia.

Cuando era niño, y aunque mi familia no era de las que lo pasaron peor, las personas que se ocuparon de mi venían de atravesar la posguerra y, como a la mayoría de los de mi generación, se me decía que la comida no se tira, que no sabes lo que cuesta de ganar y todas aquellas cosas que nos empezaban a sonar ya un tanto folklóricas. Hoy ni eso. Hemos disociado en nuestras mentes el dolor y el sufrimiento que le cuesta a la mayoría de la humanidad nuestro sistema de depredación manteniéndolos alejados de nuestro entorno. Esta repulsión por lo humano no es ajena, por ejemplo, al hecho de que cada vez criemos menos niños, que son molestos a nuestro sistema de vida, y que esos hijos, únicos en un alto porcentaje de casos, sean a menudo nacidos de madres viejas, prematuros con frecuencia, inviables en otras latitudes y con un caudal genético cuando menos dudoso. Todos vacunados contra todo lo posible al tiempo que vividos como una molestia… lo que no debe ser extraño a que se hayan disparado las patologías alérgicas. Es una de las formas por las que retornan la agresividad y la pulsión de muerte sobre nosotros y sobre nuestros herederos.

El psicoanálisis no pretende hacernos mejores personas, sólo menos idiotas, menos inconscientes. No puede haber un análisis, pues, que deje de contemplar, en ese hacer consciente lo inconsciente, la conciencia de clase, algo que va mucho más allá de los antiguos planteamientos de burguesía y proletariado y que hoy se articula en un estilo de vida, el del primer mundo, frente a una inmensa mayoría de la humanidad.

Luego puedo seguir pagando a mis sicarios para que me protejan en mi actual estilo de vida y ocupar en la maquinaria el lugar que me corresponda, pero lo que no puedo es pensar, como un idiota, que eso es gratis, ni para esa mayoría de humanidad, ni para mí, ni sobre todo, para mis hijos.

www.arturoalcaine.com

Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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