Memoria histórica

Alguien protestaba esta mañana de que Garzón no perdiera el tiempo con lo de la memoria histórica en lugar de ocuparse de los etarras, que eso sí que era importante… No digo que no. Tres bombas en las últimas horas, otro muerto, más disparates y más dolor absolutamente inútil. Como si alguno sirviera para algo.

Leí hace algún tiempo, no recuerdo dónde, que una de las cosas más terribles del holocausto fue que lo llevaran adelante las gentes de un país que era, quizás, el más culto y civilizado del planeta. No se diferenciaban tanto de los Tutsis y los Hutus, o de los Serbios en Bosnia, o de los españoles, ya que hablamos de memoria histórica.

No creo que, como español (eso pone en mi pasaporte y no me emociona mucho el asunto, aunque tampoco me ofende) tenga que pedir perdón por la expulsión de los judíos de 1492… la verdad, era tan pequeño que no me acuerdo muy bien, me preocupa más lo que hacen ahora mis vecinos de Kosovo, o de Georgia, o de Ruanda o, incluso, de Israel. Los siento mucho más próximos en todos los sentidos.

Todos esos crímenes no los cometio Alemania o España o Serbia o Turquia en Trebisonda, los cometieron, los cometen, señores y señoras como usted y como yo y como su panadera o su carnicero. En realidad echarle la culpa a Alemania, o a los rojos o a los fascistas no es sino construir una entelequia que no hace sino eludir las responsabilidades del cada uno. La primera de ellas la de saber quienes son nuestros semejantes.

Decía Napoleón que los pueblos que ignoran su historia están condenados a repetirla, no es muy distinto de lo que el psicoanálisis nos muestra para el cada uno y cada una, todo aquello reprimido que no se convierte en historia es porque todavía se vive en presente, es actual, es acto.

Quizá porque ya no quedan demasiados carcamales de los que hicieron la guerra, porque ya no es el momento de tomar venganza contra nadie, sea ya la oportunidad de abrir esas fosas comunes y recuperar esa memoria histórica, no por los muertos, ¡por los vivos!

No importa quienes fueran los matadores y cuales las coartadas ideológicas o de la índole que fuesen. Nos conviene saber que aquel cariñoso abuelo, aquel tío cachondo o aquel vecino mayor que nos acariciaba las mejillas cuando nos paseaban nuestros padres las tardes de los domingos, fueron capaces de desencadenar uno de los infiernos mas sanguinarios del siglo XX.

Y no eran ni mejores ni peores que nosotros.

Quizá conocer algo más de todo eso nos ayude a ser algo menos insensatos, no mejores, pero sí, quizá, menos bestias.

www.arturoalcaine.com

Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s