Bilingüismo, identidad y alienación

Vivo en Lloret de Mar desde hace bastantes años, en realidad la residencia la tengo aquí desde hace cuatro pero lo que se dice vivir hace tiempo que me di cuenta que era algo que hacía, o me pasaba, por estas tierras cuando venía a pasar temporadas, así que no lo dudé y me vine en cuanto me fue posible, soy en eso un inmigrante atípico, mi economía sería más sencilla y boyante de haberme quedado en mi Zaragoza natal, pero mi vida sería bastante mas gris y triste.

La intermitencia entre Lloret y Zaragoza  adonde me desplazo para atender en mi consulta los lunes y martes, me produce un efecto curioso, durante dos días hablo y escucho sólo castellano, los otros cinco depende, muy a menudo catalán. Al hilo de eso surgen comentarios con los amigos de uno y otro lado que por unidireccionales sorprenden a un nómada como yo. Más por cuanto provienen de personas a quienes considero inteligentes y, lo que es aún más importante, asenyades, como dicen por aquí.

De uno y otro lado la amenaza y la ofensa, la amenaza de la pérdida de algo (en este caso el idioma) y la ofensa por el no reconocimiento vivida como una agresión, miedos, en última instancia de carácter depresivo uno y esquizoparanoide el otro,es decir, los dos miedos básicos, a la perdida y al ataque. He de decir que encuentro bastante de simetría especular entre lo que oigo de uno y otro lado de mi recorrido.

Soy oriundo de un pueblo, Caspe, donde casi con toda seguridad se habló catalán hasta hace unos dos siglos y medio, es decir, hasta que el Decreto de Nueva Planta, empezó a hacer sus efectos y desde la oficialidad y desde el poder se significó el castellano como la lengua de los doctos, cura, maestro, médico, juez etc. y el catalán, muy trufado de aragonés, como la de los ignorantes, labradores, pastores etc. Aún recuerdo en mi infancia muchas expresiones "mal dichas", sobre todo para productos del campo, útiles agrícolas y de uso cotidiano, hoy se reivindican como muestras de casticismo pero antes eran objeto de burla. Todavía, menos mal, a las dos y media, se les dice dos cuartos para las tres.

Cuando llegué a Barcelona descubrí que entendía el catalán perfectamente, era como esos casos de criptomnesia que se describen a veces, supongo que la gran cantidad de léxico, aunque fuera castellanizado, oído en mi infancia como las estructuras gramaticales estaban ahí, sólo dispuestas para ser despertadas. Después me lancé, a través del programa de las "parellas" a la práctica pues me interesaba poder desenvolverme en catalán por pura eficacia clínica, no puedes escuchar significantes que son de relevancia en el inconsciente si no los conoces y te suenan digamos "con naturalidad", en la actualidad puedo estar hablando indistintamente en uno u otro idioma sin traducir o tener que pensar en cual de ellos lo hago, me considero, pues, bilingüe, no sé, sin embargo, escribir sin demasiadas faltas de ortografía en catalán, motivo por el que sólo lo hago en castellano.

El aprendizaje del habla, se trate del idioma que sea, siempre es un proceso de alienación, casi diría que es la alienación por antonomasia. Las palabras son del Otro, con mayúsculas, están ahí, precediéndonos y es a su través que nuestros padres o cuidadores interpretan nuestras demandas, tenemos que ponenrnos en su lugar y aprenderlas para poder demandar. El primer aprendizaje de la lengua es, pues, un ejercicio de sometimiento del narcisismo primordial, tenemos que renunciar a la omnipotencia del Yo Ideal para adoptar los significantes del Ideal del Yo encarnado por esos seres maravillosos y potentes que son nuestros padres y mayores, poco a poco las palabras van, así, ocupando el lugar del llanto.

Aprender un idioma es siempre, en mayor o menor medida, un ejercicio de humildad y de alienación que repite ese primer pasaje desde el narcisismo primario al campo del Otro, no hay forma de "hablar bien" un idioma que no pase por ahí, "tradutore traditore" mientras no efectuamos ese pasaje y traducimos traicionamos a nuestras propias demandas, a nuestro propio decir, cuando "pensamos" en otro idioma somos nosotros mismos los que somos alterados, es una situación paradójica.

El adoptar las expresiones del Otro es un proceso casi natural, como decíamos no hay otro modo de pedir. Como decía Serrat en "esos locos bajitos"… "cargan con nuestros dioses y nuestro idioma", pero se trata de un proceso emprendido activamente por parte del sujeto que, así, se va construyendo como tal. Cuando por el contrario se ejerce violencia para "defender" un idioma podemos para empezar sospechar la debilidad del mismo como espacio para el crecimiento de las personas, y en segundo lugar esperar reacciones contrarias de tipo narcisista que siempre van a ser del orden de la hostilidad.

Al catalán, o al castellano, lo defienden bastante mejor los poetas que los políticos.

www.arturoalcaine.com

Acerca de arturoalcaine

Psicólogo Clínico Psicoanalista
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