El ataque de los clones

Durante la guerra fría surgieron excelentes películas de ciencia ficción, sobre todo en la que se llamó "Serie B", en las que las preocupaciones latentes en buena parte de la sociedad norteamericana, sobre todo, aparecían como alegorías donde el Otro, el extraño, los comunistas en este caso, se infiltraban entre "nosotros" convirtiéndonos en unos de ellos sin que apenas nos diéramos cuenta. Así la magnífica "The Thing", que se estrenó en castellano como "El enigma de otro mundo" y que tuvo un "remake" a principios de los ochenta, esta vez con una mejor traducción del título original, "La cosa", donde un grupo de científicos aislados en una estación polar, en la primera versión en el ártico y en la segunda en las antípodas, encontraban una nave extraterrestre a cuyo piloto llevaban a la base para estudiarlo y que acababa devorándolos, en la primera, o asimilándolos en la segunda. También es llamativo que en la primera versión son los propios norteamericanos quienes lo introducían en casa mientras que en la última eran los europeos, noruegos, para el caso.

Quizá la más emblemática de esta serie de películas fuera, sin embargo, "La invasión de los ladrones de cuerpos"  de la que hubo hasta tres "remakes" más, y donde unas vainas, venidas de no se sabe donde, gestaban  réplicas de los humanos (nosotros) los americanos y por extensión los occidentales, mientras dormían. Resulta sobrecogedora la escena en que el protagonista, que ha ido a pedir ayuda, regresa a por su novia y la encuentra alienada, convertida en uno de "ellos", ella entonces le dice solamente "me dormí".

Conocidas por todos son también las películas de monstruos japonesas , particularmente Godzilla, el monstruo radiactivo que arrasa sus ciudades.

En la actualidad estamos en el tiempo de las guerras clon. La "Federación de Comercio" ha creado un ejército de máquinas con el que destruir a la república y esclavizar a los humanos, no importa ahora de que raza sean estos e incluso si su aspecto es un poco rarito, como Cheewbaka o Yoda, y del mundo, o latitud, del, o de la, que provengan. Para enfrentarlos la república, se dota de un ejercito de clones, guerreros muy capaces pero sin sentimientos o deseos propios (casi como aquellos que nacían de las vainas que decíamos antes) para que ayuden a los Jedi en su lucha contra la Federación. Sin embargo todo ello forma parte de la urdimbre de los Sith, de las fuerzas obscuras que, "en realidad" lo controlan todo y, finalmente, servirán al propósito contrario, la destrucción de la república.

Tampoco es extraño a todo ello la popularidad que ha adquirido eso que se ha dado en llamar  "la conspiranoia" y que está detrás de películas y novelas como "El código Da Vinci" o de programas de televisión como "Cuarto Milenio". Sean los Sith, los Iluminati de Baviera o el Opus Dei, se precisa un culpable fantástico, alguien a quien responsabilizar del borramiento que la sociedad globalizada ha hecho de la subjetividad y de la posibilidad de las personas de sentirse uno cada uno y responsable de su propio destino.

El delirio paranoico es una prótesis ante la falla de un significante primordial. Aquel que nos pone en la serie de los humanos.

No creo que existan los Sith, o su traducción al mundo en el que vivimos, más allá de lo que son los lobby que todos más o menos conocemos, pero de lo que sí estoy seguro es de que existen los Jedi, se llaman Al Qaeda, Skinheads o Jarrai.

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Psicólogo Clínico Psicoanalista
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